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II Macabeos

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II Macabeos

Introducción al libro II de los Macabeos

Este libro no es propiamente un libro segundo, una continuación del precedente; es otro libro sobre la misma materia, bastante amplia para poder ser argumento de muchos libros. Un cierto Jasón de Cirene, desconocido de nosotros, compuso cinco libros sobre Judas Macabeo; nuestro autor los compendió en este solo libro en favor de los lectores que no pudieran leer los cinco de Jasón. Abarca unos quince años, 175-161 a. C. El propósito del autor no es sólo contar los sucesos históricos, sino, mediante ellos, instruir y edificar a sus lectores. Escribe en griego, y se. sirve de los recursos de la retórica griega para mejor lograr su intento. El prólogo (2, 20-33) y el epílogo (15, 38-40) ponen de relieve la gran diferencia que hay entre este libro y todos los otros escritos en lengua semítica. La cronología seguida es la del libro primero, con la diferencia de que este otro sigue en todo el cómputo oficial, empezando a contar desde el otoño de 312 a. C.

La obra va precedida de dos a modo de apéndices, que son dos cartas (1,1-9 y 1,10-2,19) dirigidas por los judíos de Jerusalén a los de Egipto, con el fin manifiesto de recomendarles la santidad del santuario yerosolimitano, y apartarlos del templo cismático, que habían levantado en Leontópolis.




SUMARIO


INTRODUCCIÓN


Carta de los judíos de Jerusalén a los judíos de Egipto

1 1«A los hermanos judíos que moran en Egipto, salud: Los hermanos judíos de Jerusalén y de Judea, paz y felicidad. 2Que Dios os bendiga, acordándose de su alianza con Abraham, Isac y Jacob, sus fieles siervos. 3Que a todos os dé corazón dispuesto para venerarle y cumplir con todo ánimo y buena voluntad sus preceptos. 4Que os abra el corazón para entender su ley y sus preceptos, os conceda la paz, 5oiga vuestras súplicas, se reconcilie con vosotros y no os abandone en el tiempo de la desgracia. 6Esta es nuestra oración por vosotros.
7Reinando Demetrio, el año 169, nosotros, los judíos, os escribimos cuando nos hallábamos en la gran tribulación que nos sobrevino desde que Jasón y los suyos se marcharon de la tierra santa y del reino. 8Pues incendiaron el pórtico del templo y derramaron mucha sangre inocente. Pero suplicamos al Señor, y le ofrecimos sacrificios y flor de harina, y encendimos las lámparas, y presentamos los panes. 9Ahora vosotros celebrad la fiesta de los tabernáculos en el mes de Casleu. Dada el año 188».


Carta a Aristóbulo y a los judíos de Egipto

10«Los moradores de Jerusalén y de Judea, el senado y Judas, a Aristóbulo, maestro del rey Tolomeo, del linaje de los sacerdotes ungidos, y a los otros judíos de Egipto, salud y prosperidad: 11Librados por Dios de grandes peligros, le damos muchas gracias, estando prontos a luchar de nuevo contra el rey. 12Pero Dios mismo ha aniquilado a los que combatían contra la ciudad santa. 13Pues cuando ese caudillo, con el ejército que le acompañaba, que parecía irresistible, llegó a Persia, fueron heridos en el templo de Nanea, gracias al engaño de los sacerdotes de ésta. 14Antíoco, acompañado de sus amigos, vino al lugar como para desposarse con ella y tomar en virtud de tal desposorio y a título de dote sus tesoros. 15Los sacerdotes de Nanea le habían hecho esta propuesta, y él con escasa gente entró en el recinto del templo. Cerraron aquéllos las puertas 16una vez que Antíoco hubo entrado, y abriendo luego una abertura disimulada en el techo, a pedradas aplastaron al caudillo y a sus acompañantes, los descuartizaron, les cortaron las cabezas y las tiraron fuera.

17Por esto bendito sea Dios, que así ha castigado a los impíos. 18Estando, pues, para hacer la purificación del templo en el mes de Casleu, hemos creído deber nuestro manifestároslo, para que también vosotros celebréis la fiesta de los Tabernáculos y del fuego que se encendió cuando Nehemías, después de edificar el templo y el altar, ofreció sacrificios. 19Pues al ser nuestros padres llevados a Persia, los sacerdotes piadosos que había entonces, ocultamente tomaron del fuego del altar, y lo escondieron en un hueco, a manera de pozo seco, en el cual lo depositaron, tan en seguro que el sitio quedó de todos ignorado. 20Transcurridos muchos años, Nehemías, que había sido enviado por el rey de Persia, mandó a los nietos de los sacerdotes que lo habían ocultado, a buscar el fuego, y según ellos contaron, no hallaron fuego, sino un agua espesa, 21de la cual les mandó que sacasen. Cuando las víctimas estaban dispuestas en el altar, ordenó Nehemías a los sacerdotes que con el agua rociasen la leña y lo que encima de ella había. 22Cumplido esto y pasado un poco de tiempo, salió el sol, que antes estaba nublado, y se encendió un gran fuego, quedando todos maravillados. 23Y mientras oraban los sacerdotes y todos los presentes, empézando Jonatán y respondiendo los restantes, 24hasta Nehemías, se consumía el sacrificio. La oración era ésta: Señor, Señor Dios, creador de todas las cosas, temible, justo, misericordioso y rey único bondadoso, 25único liberal, único justo, omnipotente y eterno, que libras a Israel de todo mal, que elegiste a nuestros padres y los santificaste; 26acepta este sacrificio por todo tu pueblo de Israel, protege tu heredad y santifícala. 27Congrega a nuestros dispersos, vuelve la libertada los que viven en servidumbre entre las naciones, pon los ojos en estos despreciados y abominados, conozcan las naciones que tú eres nuestro Dios. 28Aflige a los que nos oprimen y con insolencia nos ultrajan. 29Trasplanta tu pueblo a tu lugar santo, según dijo Moisés.
30Los sacerdotes entretanto cantaban himnos. 31Cuando el sacrificio se hubo consumido, mandó Nehemías derramar el agua restante sobre grandes piedras; 32y en cuanto lo hicieron, de la luz del altar se encendió una llama que las consumió.
33Cuando esto se hízo notorio, y contaron al rey de Persia que en el lugar donde los sacerdotes llevados cautivos habían ocultado el fuego, apareció agua, con la cual los que acompañaban a Nehemías habían encendido el sacrificio, 34después de hechas averiguaciones, hizo cercar el sitio y lo declaró sagrado. 35Aquel día fué día de felicitaciones, en que el rey repartió y recibió ricos presentes. 36Los de Nehemías llamaron a aquel sitio Neftar, que quiere decir purificación, pero muchos le llaman Neftai.


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  • 7 La fecha de la carta a que se alude es el año 144 a.C., en que reinaba Demetrio II Nicator (146-142); pero los sucesos a que en ella se hace referencia se remontan a la época de Antíoco IV (I Mac 1,39ss; IIMac 5,5ss).(Volver a Lectura).

  • 9 Esta exhortación a celebrar la fiesta de los Tabernáculos, o mejor Dedicación, instituida por Judas Macabeo al restaurar el culto en 165, implicaba el reconocimiento del templo de Jerusalén como único legítimo. El texto habla de la fiesta de los Tabernáculos, que era la fiesta tradicional del mes de Tisri. La explicación de este nombre nos la da el relato de la fundación de la fiesta en II Mac 10,6ss, San Juan la menciona bajo el nombre de encenía (10,22). La carta es del año 125 a.C.(Volver a Lectura).

  • 10 Esta segunda carta está escrita por un cierto Judas en nombre del pueblo, después de la purificación del santuario (165), y va dirigida también a los judíos de Egipto y nominalmente a Aristóbulo, preceptor del rey, Tolomeo VI Filometor, que reinó de 184-146.(Volver a Lectura).

  • 12 En esta carta se encuentran tres sucesos, ordenados todos ellos a exaltar la santidad del templo de Jerusalén. Es el primero la muerte ignominiosa de Antíoco IV, el gran profanador de la ciudad santa y del templo, en castigo de sus crímenes. La versión es algo distinta de las otras; pero es una de las que corrían en Judea sobre la muerte del rey en las remotas regiones de Persia, adonde había ido en busca de oro.(Volver a Lectura).

  • 19 El segundo suceso había acaecido ya en los días de Nehemías, en que la nafta, extraída de un pozo, se había encendido a los rayos del sol. Semejante prodigio había llegado hasta la corte persa, produciendo en ella gran conmoción.(Volver a Lectura).




2 1Se halla en antiguos documentos, que el profeta Jeremías, al mandar a los deportados tomar del fuego antes referido, les entregó un ejemplar de la ley 2y les recomendó que no diesen al olvido los preceptos del Señor, ni se pervirtiesen a la vista de los ídolos de oro y de plata y sus adornos. 3Muchas cosas como éstas les dijo, exhortándolos a no apartarse jamás del amor de la Ley. 4También en documentos está escrito que el profeta, por revelación divina, mandó que le siguiesen con el tabernáculo y el arca, y salió hasta el monte donde había subido Moisés para ver desde allí la heredad de Dios. 5Llegado a él, Jeremías halló una gruta a modo de estancia, en la cual introdujo el tabernáculo, el arca y el altar de los perfumes, murando en seguida la entrada. 6Algunos de los que le acompañaban vinieron luego, para poner señales en el camino, a fin de poder hallarlo después. 7Mas así que Jeremías lo supo, los reprendió, diciéndoles: Este lugar quedará desconocido, hasta que Dios vuelva a congregar a su pueblo y tenga de él misericordia. 8Entonces dará a conocer el paradero de estas cosas, aparecerá su gloria, y asimismo la nube, como se manifestó al tiempo de Moisés, y cuando Salomón pidió que el templo fuese gloriosamente santificado. 9También allí se cuenta cómo el rey sabio ofreció el sacrificio de la dedicación y terminación del templo; 10y que así como cuando Moisés oró al Señor descendió fuego del cielo que consumió el sacrificio, así también, orando Salomón, descendió fuego y consumió el holocausto. 11Y dijo Moisés: Por no haber sido comido el sacrificio por el pecado, fué consumido por el fuego. 12También Salomón celebró la fiesta por ocho días.
13Esto mismo se refiere en los escritos y memorias de Nehemías; y se dice, además, que había reunido una biblioteca y puesto en ella los libros de los reyes, los de los profetas y los de David y las cartas de los reyes sobre las ofrendas. 14Así también Judas reunió todos los libros dispersos por la guerra que hubimos de sufrir, que ahora se hallan en nuestro poder. 15Si de ellos tuviereis, pues, necesidad, mandadnos quienes os los lleven.
16Estando nosotros para celebrar la fiesta de la purificación, os escribimos estas letras: Haréis muy bien en solemnizar estos días. 17Dios, que ha librado a su pueblo, nos ha devuelto a todos la heredad, el reino, el sacerdocio y el santuario, 18como lo prometió en la ley. Esperamos, pues, de Dios, que pronto tendrá misericordia de nosotros y nos congregará en el lugar santo, de entre todas las naciones que existen bajo el cielo, 19pues nos ha librado ya de grandes calamidades y ha purificado el santuario».

Prefacio

20La historia de Judas el Macabeo y de sus hermanos, la purificación del gran templo y la dedicación del altar, 21las guerras de Antíoco Epifanes y de su hijo Eupátor, 22las apariciones celestes a los que gloriosamente combatían por el judaismo, para que, aun siendo pocos, recobrasen toda la tierra y pusieran en fuga muchedumbres de bárbaros, 23y recuperasen el templo famoso en toda la tierra, y librasen la ciudad, y restableciesen las leyes que estaban a punto de quedar abolidas, siéndoles el Señor propicio con toda bondad, 24fué narrada por Jasón de Cirene en cinco libros, que nosotros nos proponemos compendiar en un solo volumen. 25Porque, considerando el número excesivo de los libros, y la dificultad que hallan, por la muchedumbre de las cosas, los que quieren aplicarse a conocer las historias, 26hemos pensado proporcionar solaz del alma a los aficionados a leer, y dar a los estudiosos facilidad para aprender las cosas de memoria; en una palabra, alguna utilidad a todos aquellos que tomen este libro en sus manos. 27Mas para nosotros este trabajo que hemos emprendido no ha sido cosa fácil, sino de mucho trabajo, sudores y desvelos. 28Como el que prepara un festín, buscando complacer a otros, se echa encima una pesada carga, así nosotros, para merecer la gratitud de muchos, hemos tomado con gusto este trabajo. 29Dejando al historiador el oficio de narrar detalladamente las cosas, nos hemos esforzado por seguir las normas de la condensación. 30Pues así como el arquitecto que se propone levantar una casa nueva, ha de pensar en el conjunto de la construcción; mientras que el decorador y el pintor sólo tienen que cuidarse de lo que toca a la ornamentación, así creo yo que nos sucede a nosotros. 31Investigar la materia histórica, examinarla en todos sus aspectos y detalles; eso compete al narrador de la historia; 32pero procurar el compendio de la narración, sin llegar a agotar el asunto toca al compilador, 33y con esto comenzamos nuestra narración, después de habernos extendido tanto en el prefacio. Sería una simpleza mostrarse difusos antes de entrar en materia, para luego ser breves en ésta.


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  • 19 Adviértase que el autor sagrado recoge estas cartas en su libro, pero sin dar juicio de la verdad de cuanto contienen.(Volver a Lectura).