EL libro de Ester recibe su nombre de la heroína que es su figura principal. Su argumento es una persecución de que la nación judía fué objeto en el imperio persa, durante el reinado de Jerjes I (485-465). Consta de dos partes. La primera, protocanónica, en lengua hebrea, forma el núcleo de la historia. La narración pone en claro que la causa de la persecución era la nacionalidad de Israel, sus leyes, sus instituciones, por las que se distingue de los otros pueblos; pero no aparece en ella el nombre de Dios. Parece manifiesto el propósito del autor de callarlo. A esta parte se añaden ciertos complementos deuterocanónicos, que sólo se han conservado en griego, y en los que se encarece la piedad de los protagonistas. Sobre el origen de esta distinción se dan diversas explicaciones, sin que ninguna se acerque siquiera a la certeza.
Respecto de la forma literaria de este libro, deben hacerse las mismas observaciones que de los dos que le preceden, y resolverse el problema en conformidad con la doctrina de S. S. Pío XII.
Para entender el libro, hay que hacerse cargo de la concepción antigua sobre las relaciones entre las divinidades y los pueblos que las veneraban. Yavé es el Dios de Israel; éste es el único pueblo que le conoce y sirve; las demás naciones le ignoran. La causa de Dios en el mundo está, pues, ligada a la causa de Israel. De aquí nace el alto concepto que de sí tiene Israel; ante él y sus derechos, las demás naciones no eran nada en la presencia de Dios. Para hacerse cargo de la narración, tenga el lector presente que en esta vasta región del Asia oriental, donde en el curso de los siglos se han sucedido tantos imperios y religiones y se han acumulado tantas razas, han existido desde muy antiguo odios profundos, causa de espantosas matanzas, como la que sufrió la nación cristiana de los armenios de parte de los musulmanes, con el asentimiento y hasta con la cooperación de las autoridades turcas. Este hecho quita toda inverosimilitud a la narración de las matanzas que cuenta el libro de Ester.
Mardoqueo. Su sueño
1 1El año segundo del reinado del gran Artajerjes, el primero de Nisan, tuvo un sueño Mardoqueo, hijo de Jair, hijo de Semei, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín; 2judío que moraba en la ciudad de Susa, varón ilustre que servía en la corte del rey. 3Era de los cautivos que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había llevado en cautiverio de Jerusalén con Jeconías, rey de Judá.
4He aquí su sueño: 5Soñó que oía voces y tumulto, truenos, terremotos y gran alboroto en la tierra; cuando dos grandes dragones, prestos a acometerse uno a otro, dieron fuertes rugidos, 6y a su voz se prepararon para la guerra todas las naciones de la tierra, a fin de combatir contra la nación de los justos. 7Fué aquel día, día de tinieblas, de oscuridad, de tribulación y de angustia, de oprobio y de turbación grande sobre la tierra. 8Toda la nación justa se turbó ante el temor de sus males, y se disponía a perecer. 9Pero clamaron a Dios; y a su clamor, una fuentecilla se hizo un río caudaloso, de muchas aguas, 10y apareció una lumbrerita que se hizo sol, y fueron ensalzados los humildes y devoraron a los gloriosos. 11Mardoqueo, levantándose, luego de haber visto el sueño sobre lo que Dios se proponía ejecutar, lo guardó en su corazón, y a toda costa quería penetrar su sentido, hasta que llegó la noche.
Conjuración contra el rey denunciada por Mardoqueo
12Moraba Mardoqueo en el palacio con Gabata y Tervía, eunucos del rey, guardas del palacio; 12y se enteró de sus planes y penetró sus proyectos averiguando que trataban de apoderarse del rey Artajerjes, y los denunció al rey. 14Mandó éste interrogar a los eunucos, y habiendo éstos confesado, fueron condenados a muerte. 15Para conservar la memoria de estos sucesos, mandó el rey ponerlos por escrito, y el mismo Mardoqueo escribió un relato sobre ellos. 16Por el servicio prestado, ordenó el rey dar a Mardoqueo un cargo en el palacio, y le otorgó otras mercedes. 17Pero Amán, hijo de Amasata, agagita, que gozaba de gran crédito ante el monarca, buscaba cómo perder a Mardoqueo y a su pueblo, por la delación de los eunucos del rey.
Escuchar el Capítulo 1
1 Las porciones deuterocanónicas escritas en griego, fueron traducidas por San Jerónimo y añadidas al fin del libro a continuación de las protocanónicas. Como esas adiciones se ordenan a declarar distintos puntos de la historia, hemos optado por introducirlas en los lugares que según su contenido los corresponden.(Volver a Lectura).
11 Este sueño resume todo el contenidodel libro.(Volver a Lectura).