Recibe el libro su nombre de la heroína que es el personaje principal de la obra. El argumento sería un episodio importante de la historia de las naciones orientales, y principalmente del pueblo israelita. Un rey de Nínive, capital del imperio asirio, por nombre Nabucodonosor, siente ansias de ser reconocido, no sólo por soberano, sino también como dios, y por dios único de todos los pueblos. Para lograr su propósito empieza por dirigir un mensaje, que es a la vez ultimátum. Es el mensaje rechazado, y se viene entonces a los medios de fuerza. Lograda la victoria contra un cierto Arfacsad, rey de Media, el primer general de los ejércitos asirios, Holofernes, se pone al frente de ciento veinte mil infantes, doce mil caballos, mas un ejército numeroso de tropas auxiliares que se le van agregando, con el encargo de someter el resto de las naciones a la obediencia y culto de Nabucodonosor. Y, en efecto, la expedición, aunque geográficamente nada clara, procede con gran éxito hasta venir a enfrentarse con Irsael por el norte de la región de Samaría.
Hacía poco que el pueblo de Dios había vuelto del cautiverio y había restaurado la ciudad de Jerusalén con su santuario y repoblado el resto de la tierra. La nación samaritana no parece existir. Vive el pueblo tranquilo, bajo el gobierno del sumo sacerdote y de un senado de ancianos (gueraria), muy confiados en la prolección del Señor, por la fiel observancia de su alianza. El ataque, de los asirios se dirige contra la ciudad de Betulia ( Betilina ), que a pesar de los detalles que se dan en 4, 4-8, no se ha logrado identificar. Más de un mes resiste el asedio de tan poderoso ejército; hasta que Judit sale de la ciudad, engaña al generalísimo asirio y le da muerte, causando la dispersión de todas sus fuerzas.
Los exégelas encuentran dificultades para encuadrar los episodios narrados en este libro en la historia general de los pueblos orientales. Algunos los colocan en tiempos ne Asurbanípal, otros en los de Artajerjes o en los de Epijanes.
Tampoco están del todo conformes, aun los católicos, en determinar el género literario de este librito; asunto que debe resolverse en conformidad con la luminosa doctrina expresada en la citada Encíclica de Pío XII, Divino Afflante Spiritu, empezando por resolver el problema crítico de la conservación del texto primitivo.
En la conducta de Judit hay cosas que la moral cristiana no justifica. Santo Tomás dice de ellas: «Se recomiendan algunos en la Sagrada Escritura, no por la perfección de su virtud, sino por cierta índole virtuosa, es decir, por cierto afecto laudable, los que movía a ejercitar cosas ilícitas. Así es alabada Judit, no por haber mentido a Holofernes, sino por el afecto que a ello la indujo, es decir, el amor a su pueblo, por el cual se expuso al peligro (Sum. Theol. II, II, q. 110 a. 3 ad 3).
Del autor del libro nada podemos afirmar, sino que era un judio, conocedor de las Escrituras, lleno de fe en los destinos de su nación, devoto de la ley, que escribió en hebreo o arameo, hacia el fin del judaismo, un siglo o dos antes de Jesucristo.
Se desconoce el texto original, y las versiones que nos quedan se dividen en dos grupos. Forman el primero los diversos códices de la versión griega, la antigua ítala y la versión siriaca, de la griega derivadas. El segundo grupo lo forma la versión de San Jerónimo, que tenemos en la Vulgata, de la cual dice el autor en su carta-prólogo: «Al hacer este trabajillo he traducido más bien sentido de sentido que de la palabra la palabra. He prescindido de las numerosas divergencias de los códices, dando en latín sólo aquello que del texto caldeo logré sacar en limpio. Resulta, pues, que la versión del santo Doctor está hecha de los textos árameos en la forma que él mismo dice. Para la nuestra hemos tomado por base el texto griego, publicado en la edición que Sixto V hizo de los LXX.
(Cfr. Intr. Gral.)
PRIMERA PARTE: ANTECEDENTES AL ASEDIO DE BETULIA (1-6): Potencia de Nabucodonosor (1). Expedición de Holofernes (2). Cobarde conducta de las naciones gentiles (3). Los judíos se preparan para la guerra (4). Discurso de Aquior a Holofernes (5). Respuesta de Holofernes (6).
SEGUNDA PARTE: VICTORIA DEL PUEBLO JUDÍO (7-16): Grave situación en Betulia (7). Judit ante los capitanes del pueblo (8). Su oración a Dios (9). Camino del campo asirlo (10). En presencia de Holofernes (11). Judit en la cena de Holofernes (12). Vuelve triunfante a la ciudad (13). Ataque de los judíos contra los asirios (14). La victoria completa (15). Cántico de Judit (16,1-22). Fin de la historia de Judit (16,23-31).
Arfacsad, rey de Ecbatana
1 1Era el año duodécimo del reinado de Nabucodonosor, que reinó sobre los asirios en la gran ciudad de Ninive, en los días de Arfacsad, que reinó sobre los medos en Ecbatana, 2a la que rodeó de un muro construido de piedras labradas, de tres codos de ancho y seis de largo, siendo la altura del muro de setenta codos y de cincuenta su anchura. 3Levantó también torres en las puertas, hasta la altura de cien codos, y el ancho de sus cimientos era de sesenta codos. 4Construyó sus puertas, que se levantaban hasta setenta codos, siendo su ancho de cuarenta, para dar paso a sus fuerzas poderosas y a la muchedumbre de sus infantes.
Mensaje de Nabucodonosor a las naciones y guerra contra Arfacsad
5En aquellos días combatió Nabucodonosor contra Arfacsad en la gran planicie, esto es, en los confines de Ragáu. 6Le habían salido al paso todos los habitantes de la montaña, todos los ribereños del Eufrates, del Tigris y del Hidaspes; y en la llanura de Arioc, el rey de los Elamitas y muchísimos pueblos se juntaron para hacer frente a los hijos de Jeleal, (caldeos).
7Después mandó sus fuerzas Nabucodonosor, rey de los asirios, contra Persia, contra todos los habitantes del Occidente, contra Cilicia, Damasco, el Líbano y el Antillbano, contra cuantos moran en la costa del mar, 8contra los del Carmelo, contra Galaad, Galilea la alta, contra la gran llanura de Esdrelón, 9y los moradores de Samaría y sus ciudades, contra el otro lado del Jordán hasta Jerusalén, Betona, Quelos, Cades, contra el río de Egipto, Tafnis, Rameses y toda la tierra de Guesen, 10hasta por encima de Tafnis y de Menfis, y todo Egipto hasta los confines de Etiopía. 11Despreciaron todos los moradores de la tierra el mensaje de Nabucodonosor, rey de los asirios, y se aprestaron para hacerle la guerra, porque no le temían, pues era a sus ojos como un hombre cualquiera. 12Se irritó grandemente Nabucodonosor contra todas estas gentes, y juró por su trono y por su señorío que tomaría venganza de todos los confines de Cilicia y de Damasco y de Siria, y que aniquilaría con su espada a todos los moradores de Moab, y a los hijos de Ammón y a toda la Judea y a todos los que moran en Egipto, hasta los confines de los dos mares.
13Había puesto en movimiento sus fuerzas contra el rey Arfacsad, en el año diecisiete; le venció en batalla campal y aniquiló todo el poder de Arfacsad, toda su caballería y todos sus carros, 14y se apoderó de sus ciudades, llegando hasta Ecbatana, haciéndose dueño de sus torres y devastando sus calles y convirtiendo en oprobio toda su belleza. 15Se apoderó de Arfacsad en las montañas de Ragáu, y le atravesó con sus propias armas y acabó con él. 16Vuelto Nabucodonosor a Nínive con todo su ejército y con todos los que se le habían unido, muchedumbre incontable de guerreros, descansó allí y banqueteó con su ejército por espacio de ciento veinte días.
Escuchar el Capítulo 1
1 El nombre de Nabucodonosor era bien conocido de los judíos, y todos sabían que había sido rey de Babilonia. Sería posible que el texto primitivo pusiera Babilonia en vez de Nínive. Sin embargo, el texto habla siempre de «asirios».(Volver a Lectura).
2 Ecbatana era, en efecto, la capital del reino de los medos y, más tarde, residencia de estío de los reyes de Persia. Cuanto a su rey Arfacsad, es desconocido en la historia.(Volver a Lectura).
Guerra contra las naciones
2 1El año dieciocho, el veintidós del primer mes, corrió la voz en el palacio de Nabucodonosor, rey de los asirios, de que iba a tomar venganza de toda la tierra, como lo había dicho. 2Llamó a todos sus oficiales y a todos sus grandes, y confirió concilos sus secretos planes, resolviendo poner en ejecución toda la maldad que había proferido su boca contra la tierra. 3Fueron de parecer que se destruyese a cuantos no se sometieran a los decretos del rey. 4Terminado el consejo, llamó Nabucodonosor, rey de los asirios, a Holofernes, general de su ejército, que era el segundo después de él, y le dijo:
5«Esto ordena el rey grande, el Señor de toda la tierra: En saliendo de mi presencia, tomarás contigo hombres que confíen en sus fuerzas; de infantes hasta ciento veinte mil, y caballos con sus jinetes, doce mil; 6e invadirás toda la tierra del Occidente, por haber desobedecido la orden de mi boca. 7Les intimarás que me preparen la tierra y el agua, porque en mi furor saldré contra ellos y cubriré toda la haz de la tierra con los pies de mis soldados, y se la entregaré al saqueo; 8y sus heridos llenarán los barrancos y los torrentes, y el río se desbordará lleno de sus muertos; 9y conduciré sus cautivos hasta los extremos confines de la tierra. 10Empezarás por ocupar todo su territorio, y como se te rendirán, me los reservas para el día de su castigo. 11Mas para los rebeldes no haya perdón, sean entregados a la muerte, y al saqueo toda su tierra. 12Por mi vida y por la fuerza de mi imperio, que cuanto dije lo ejecutan: por mi mano. No dejes de cumplir ni una palabra de tu señor, antes las ejecutarás exactamente, según te lo ordeno y sin dilación».
13Partió Holofernes de la presencia de su señor, y tomó consigo a todos los magnates, generales y capitanes del ejército asirio;
14pasó revista a las tropas escogidas para la guerra, según le había ordenado su señor, hasta ciento veinte mil infantes y doce mil arqueros a caballo, y los ordenó como se ordena la muchedumbre guerrera. 15Tomó, además, camellos, asnos y mulos, para la impedimenta, en cantidad muy grande; ovejas, bueyes y cabras, para su aprovisionamiento, y vituallas en cantidad para toda la gente, y asimismo mucho oro y plata del tesoro del rey.
16Luego se puso en marcha con todo su ejército; y adelantándose al rey Nabucodonosor, cubrió toda la haz de la tierra, hacia el Occidente, con sus carros, jinetes e infantes escogidos, y una abigarrada muchedumbre como la langosta, incontable como el polvo de la tierra, que se les agregó. 17Partieron de Nínive, caminando durante tres días por la llanura de Bectelet y asentó su campamento, desde Bectelet hasta cerca de la montaña, a la derecha de la Cilicia superior.
18Y tomando todo su ejército, sus infantes, sus jinetes y sus carros, partió de allí en dirección a la montaña. 19Rompió por Put y Lud, devastó a los hijos de Rarses y a los de Ismael, que habitan los linderos del desierto, hacia el mediodía de los Quelos. 20Pasó el Eufrates; y atravesando la Mesopotamia, tomó por asalto todas las ciudades fuertes del torrente Abrona, hasta el mar. 21Se apoderó de todo el territorio de Cilicia, derrotando a cuantos se le opusieron, y llegó hasta los confines de Jafet, por la parte del mediodía, enfrente de la Arabia. 22Cercó a todos los hijos de Madián, dió al fuego sus tiendas y saqueó sus apriscos. 23Descendió luego al territorio de Damasco, en los días de la recolección del trigo, incendió todos los campos, destruyó sus rebaños y vacadas, saqueó sus ciudades, asoló sus campiñas, e hirió toda su juventud al filo de la espada. 24Temor y temblor se apoderó de toda la costa, de los moradores de Sidón y de Tiro, y de los habitantes de Acco. Los habitantes de Azoto y Ascalón se llenaron asimismo de miedo.
Escuchar el Capítulo 2
5 El rey grande y Señor de toda la tierra», palabras del Sal 47,3.(Volver a Lectura).
13 Holofernes pudiera ser la forma griega del persa Horofernes. Se conoce un rey de Capadocia de este nombre del siglo II a. de C.(Volver a Lectura).
24 Tal vez a causa de la deficiencia del texto en la conservación de los nombres propios no es posible precisar la dirección seguida por el ejército invasor. Sin embargo, como lo que más interesa el autor es la Judea, nos lo muestra desde el principio camino de su destino.(Volver a Lectura).
3 1Y le enviaron mensajeros con propuestas de paz, diciendo: «Mira, nosotros somos siervos del rey grande Nabucodonosor, nos postramos en tu presencia, para que hagas con nosotros según tu arbitrio. 2Nuestras majadas y todos nuestros trigales, nuestros rebaños y vacadas, y los apriscos de nuestros ganados, todo está a tu disposición, dispón de todo según te plazca. 3Y nuestras ciudades con sus moradores, siervos tuyos son; Ven y haz con ellos como bien te parezca». 4Llegados los hombres a Holofernes, le hablaron en esta forma.
5Descendió él con su ejército a la costa y puso guarniciones en las ciudades fuertes, y de ellas enroló en su ejército gente escogida. 6Toda la región le recibió con coronas, danzas y panderos. 7Devastó todo su territorio y taló sus bosques sagrados, y ordenó destruir todos los dioses de aquella tierra, para que sólo a Nabucodonosor adorasen todas las naciones, y le invocaran como a dios todas las lenguas y todas las tribus. 8 Llegado al llano de Esdrelón, cerca de Dotan, frente a la gran llanura de Judá, asentó su campo entre Gaba y Escitópolis, donde permaneció un mes esperando toda la impedimenta de su ejército.
Escuchar el Capítulo 3
1 El autor hace resaltar el temor y el servilismo de los pueblos gentiles, que a todo se acomodan en contraposición a Israel, que, confiado en su Dios, resiste hasta lograr la humillación del invasor.(Volver a Lectura).
Llega la guerra a Judá
4 1Así que los hijos de Israel que moraban en Judá oyeron todo cuanto había hecho a los gentiles Holofernes, general en jefe del ejército de Nabucodonosor, rey de los asirios,y cómo había saqueado todos los templos y los había destruido, 2sintieron grandísimo miedo y se turbaron por Jerusalén y por el templo del Señor, su Dios; 3pues recientemente habían subido de la cautividad, y hacía poco que se había reunido todo el pueblo de Judea, y el mobiliario y el altar y la casa habían sido santificados después de su profanación. 4Enviaron, pues, a toda la región de Samaría, y sus aldeas, Betorón, Belmaisi, Jericó, Joba, Aisora y el valle de Solum: 5y ocuparon todas las cimas de los montes altos y amurallaron sus aldeas, y se aprovisionaron de vituallas en previsión de la guerra, pues recientemente habían recogido la cosecha de sus campos.
6Escribió Joaquim, que por aquellos días era sumo sacerdote en Jerusalén, a los moradores de Betulia y de Bet-Orrestaim, enfrente de Esdrelón, ante la llanura que está junto a Doraim, 7diciéndoles que resistiesenen las subidas de la montaña, pues por ellas era el acceso a Judea, y como éste era estrecho, sería fácil aún a sólo dos hombres impedir el paso a los que llegaban.
8Ejecutaron los hijos de Israel las órdenes de Joaquim, el sumo sacerdote, y del senado de todo el pueblo de Israel, que tenía su asiento en Jerusalén.
9Todos los hijos de Israel clamaron con gran instancia a Dios y se humillaron con gran fervor; 10ellos, sus mujeres y sus hijos, todos los extranjeros o jornaleros, y sus esclavos, vistiéronse de saco. 11Todos los israelitas, las mujeres y los niños, los moradores de Jerusalén, se postraron ante el santuario, cubrieron de ceniza sus cabezas, mostraron sus sacos ante el Señor, y revistieron de saco el altar. 12Todos a una clamaron al Dios de Israel, pidiéndole con ardor que no entregase al saqueo sus hijos, ni diese sus mujeres en botín, ni las ciudades de su heredad a la destrucción, ni el santuario a la profanación y el oprobio, regocijando a los gentiles.
13Escuchó el Señor sus clamores y miró su aflicción. Ayunaba el pueblo todos los días en Judea y en Jerusalén, ante el santuario del Señor Omnipotente. 14Joaquim, sumo sacerdote, y todos los sacerdotes que asistían en la presencia del Señor y le servían, ceñían de saco su cintura al ofrecer el holocausto perpetuo y los votos y las ofrendas del pueblo, 15y echaban ceniza sobre sus tiaras, y clamaban al Señor con todas sus fuerzas, pidiendo que se dignase visitar a toda la casa de Israel.
Escuchar el Capítulo 4
2 También Israel teme, pero no tanto por si, cuanto por la Ciudad Santa y el Santuario de Dios, que acababan de levantar, y por el culto divino que hacía poco habían restaurado.(Volver a Lectura).
12 Ante el peligro que les amenaza, su recurso es a Dios, a quien todos oran haciendo penitencia.(Volver a Lectura).
Actitud de Holofernes ante la resistencia de Israel
5 1Llegó a noticias de Holofernes, generalísimo del ejército asirio, que los hijos de Israel se preparaban para la guerra; que habían cerrado las entradas de las montañas, fortificando todas las cumbres de los montes altos, y colocando barreras en el llano. 2Montando en cólera, llamó a todos los príncipes de Moab, a los capitanes de Ammón y a todos los sátrapas de la corte, y les habló en estos términos: «Decidme, hijos de Canaan, ¿qué pueblo es ése que mora en las montañas? ¿Qué ciudades habitan? ¿Cuál es el número de sus soldados? ¿En qué está su fuerza y su poder? ¿A quién tienen por rey y jefe de su ejército? ¿Por qué desdeñan venir a mi encuentro, a diferencia de todos los moradores del Occidente?»
Discurso de Aquior
3Le contestó Aquior, jefe de los hijos de Ammón: «Escuche mi señor una palabra de boca de tu siervo, y te dirá la verdad acerca del pueblo que habita estas montañas próximas a donde tú estás, que no saldrá mentira de la boca de tu siervo. 4Este pueblo es originario de Caldea. 5Habitaron primero en la Mesopotamia; y por no seguir a los dioses de sus padres, que vivían en la Caldea, 6la abandonaron y dejaron su culto para adorar al dios del cielo, el dios que se les había dado a conocer. Los padres los arrojaron de la presencia de sus dioses, y ellos huyeron a Mesopotamia, donde habitaron muchos días. 7Les dijo su dios que salieran de sus moradas, y se encaminaran a la tierra de Canán, donde peregrinaron, enriqueciéndose de oro y plata y muchos rebaños. 8Bajaron a Egipto, porque el hambre había invadido la tierra de Canán, y se instalaron allí, donde hallaron alimento, multiplicándose hasta hacerse incontable su número.
9Pero se levantó contra ellos un rey de Egipto, que los oprimió con trabajos de hacer ladrillos, y los humillaba, convirtiéndolos en esclavos. 10Clamando a su dios, hirió éste toda la tierra de Egipto con plagas, para las cuales no había cura, hasta que los arrojaron los egipcios de su presencia. 11Secó su dios el Mar Rojo delante de ellos, 12y los encaminó al Sinaí y a Cadesbarne; y arrojando a todos los que moraban en el desierto, 13habitaron en la tierra de los amorreos, y con su poder aniquilaron a todos los habitantes de Hesebón. Atravesaron luego el Jordán y se posesionaron de la montaña; 14hicieron huir delante de ellos a los cananeos, a los fereceos, a los jebuseos, a los siquemitas y a todos los guergueseos, y habitaron en esta tierra mucho tiempo. 15Todo les fué bien mientras no pecaron contra su dios, porque éste, que aborrece la injusticia, estaba con ellos. 16Pero cuando se apartaron del camino que les había señalado, luego fueron destruidos con muchas guerras, y llevados cautivos a tierra extraña, y el templo de su dios convertido en ruinas, y sus ciudades ocupadas por los enemigos. 17Ahora, que se han convertido a su dios, han subido de la región en donde estuvieron dispersos, y se apoderaron de Jerusalén donde está su santuario, y se establecieron en la montaña, que estaba despoblada. 18Ahora, pues, dueño y señor: ¿Hay escándalo en este pueblo? Si hay en él alguna culpa o pecado contra su dios, entonces subamos, que los derrotaremos. 19Pero si no hubiese en ellos iniquidad, pase de largo mi señor, porque su dios los protegerá y será con ellos, y vendremos a ser objeto de oprobio ante toda la tierra».
20Y así que acabó Aquior de pronunciar estas palabras, todo el pueblo, que estaba en torno de la tienda, rompió en murmullos de reprobación. Los magnates de Holofernes y todos los moradores de la corte y de la región de Moab, pidieron que Aquior fuese descuartizado. 21Porque nunca temeremos, decían, nada de los hijos de Israel. Es un pueblo sin ejército, sin fuerza para sostener una lucha dura. 22Subamos, pues, y serán pasto de todo tu ejército, señor Holofernes.
Escuchar el Capítulo 5
2 La actitud del caudillo enemigo se ajusta a la de su representado y su orgullo al del soberano que le envía.(Volver a Lectura).
19 Este relato de Aquior, además de resumir la historia de Israel, pone de relieve una ley que en la historia sagrada hagiógrafos y profetas enseñan: que Dios es el refugio de Israel y que nada tiene éste que temer mientras se mantenga fiel a Yavé.(Volver a Lectura).
Fruto inmediato del discurso de Aquior
6 1En cuanto cesó el tumulto de las gentes que rodeaban al consejo, dijo Holofernes, general en jefe del ejército asirio, a Aquior, y a los moabitas, en presencia de todo el pueblo extranjero: «¿Quién eres tú, Aquior, y vosotros, mercenarios de Efraím, para profetizar como lo habéis hecho hoy, diciendo que no luchemos contra la nación israelita porque la protege su Dios? 2¿Qué dios hay, si no es Nabucodonosor? 3Este ha enviado su ejército y los borrará de la haz de la tierra, sin que su dios pueda librarlos; ante vosotros, siervos de Nabucodonosor, los aplastaremos como a un solo hombre, y no podrán resistir el empuje de nuestra caballería. 4Con ella inundaremos su tierra y bañaremos en sangre sus montañas y llenaremos de cadáveres sus valles, y no podrán mantenerse en pie delante de nosotros, y todos enteramente perecerán, dice Nabucodonosor, señor de toda la tierra, y sus palabras no quedarán sin cumplimiento. 5Pero tú, Aquior, mercenario de Ammón, que tales discursos has tenido en este día de tu insensatez, no volverás a ver mi rostro hasta que yo no haya castigado a esa nación de huidos de Egipto. 6Cuando yo vuelva, atravesará tu cuerpo el hierro de mi ejército, y la muchedumbre de mis lanceros tu costado, y caerás bañado en tu sangre. 7Mis siervos te llevarán a la montaña, y te pondrán en una de las ciudades de la subida, 8y no perecerás hasta que con ellos seas aniquilado. 9Ya que tan firme esperanza tienes de que no sean conquistados, no se abata tu rostro. De cuanto he dicho, ni una palabra caerá en el vacío».
10Luego ordenó Holofernes a los siervos que estaban a su lado en la tienda, que tomasen a Aquior y le llevaran a Betulia, entregándole a los israelitas.
11Cogiéronle los siervos de Holofernes y le condujeron fuera del campamento, que estaba en el llano, y le llevaron del llano a la montaña, a las fuentes que están situadas por debajo de Betulia. 12En cuanto los de la ciudad los vieron, tomaron sus armas y salieron a la cima del monte. Los honderos se mantuvieron en sus puestos y arrojaron piedras sobre los asirios. 13Pero ellos, ocultándose en los repliegues de la montaña, amarraron a Aquior y le abandonaron a raíz del monte, volviéndose a su amo.
14Bajaron de la ciudad los hijos de Israel, dieron con él y le desataron, y llevándole a Betulia, le entregaron a los jefes de la ciudad. 15Eran éstos en aquellos días Ocías, hijo de Mica, de la tribu de Simeón, Abris, hijo de Otoniel, y Carmis, hijo de Malquiel; 16los cuales convocaron luego a los ancianos de la ciudad. Todos los jóvenes y las mujeres concurrieron también a la asamblea, y puesto Aquior en medio del pueblo, le interrogó Ocías acerca lo sucedido. 17Dióles cuenta él de los discursos habidos en la sesión de Holofernes, y de lo que había dicho a los príncipes asirios, y de las insolencias proferidas por Holofernes contra los israelitas. 18Postrándose en tierra el pueblo, clamaron a Dios, diciendo: 19«Señor, Dios del cielo; mira el orgullo de esos y apiádate de nuestro linaje humillado, y pon hoy los ojos en el rostro de tus santificados». 20Consolaron a Aquior y le alabaron grandemente. 21Ocías le sacó de la asamblea y le condujo a su casa, donde le dió un banquete, al que invitó a todos los ancianos. Toda aquella noche estuvieron invocando el auxilio del Dios de Israel.
Escuchar el Capítulo 6
21 El relato de Aquior a los sitiados acrecienta en éstos la fe y confianza en Dios. ¿Cómo desconfiar ellos cuando un extraño mostraba tal seguridad?.(Volver a Lectura).
Los asirios, sobre Betulia
7 1Al día siguiente dió orden Holofernes a todo su ejército y a las tropas auxiliares, de prepararse para atacar a Betulia, ocupando las subidas de los montes y haciendo y a la guerra contra los hijos de Israel. 2Entonces se dispusieron todos sus hombres de armas y la masa de sus guerreros, en número de ciento setenta mil infantes y doce mil jinetes, fuera de la impedimenta y de la muchedumbre de los hombres que iban con ella, que era muy grande. 3Acamparon en el valle junto a Betulia, cerca de la fuente, y se desplegaron a lo ancho, hasta Dotain, Belmain, y a lo largo desde Betulia hasta Ciarnon, que está enfrente de Esdrelón.
4Cuando los israelitas vieron tanta muchedumbre, quedaron consternados, y unos a otros se dijeron: «Ahora si que van a devorar éstos toda la haz de la tierra, y ni los altos montes, ni los valles, ni los collados, podrán soportar su peso». 5Y tomando cada uno sus armas, encendieron hogueras sobre las torres y permanecieron guardándolas toda aquella noche. 6Al día siguiente, hizo desfilar Holofernes toda su caballería a la vista de los israelitas que estaban en Betulia; 7examinó las subidas de la ciudad y recorrió las fuentes de sus aguas, apoderándose de ellas y estableciendo puestos de guardia, para volverse luego a su gente. 8Entonces se acercaron a él los príncipes de Esaú, los jefes de Moab y los capitanes de la Corte, diciéndole: 9«Escuche nuestro señor una palabra, si quieres que no sufra quebranto tu ejército. 10Este pueblo de los israelitas no confía en sus lanzas, sino en las alturas de los montes en que habitan; y en efecto, no es fácil dominar las cimas de sus montes. 11Ahora bien, señor; no luches contra ellos como se lucha en batalla campal, y evitarás que caiga ni un solo guerrero. 12Quédate tú en el campamento, y ten en guardia a todo tu ejército; pero haz que tus siervos se apoderen de las fuentes de agua que brotan a raíz del monte, 13porque de ella se abastecen todos los moradores de Betulia. La sed los matará, y acabarán por entregarte la ciudad, mientras que nosotros y nuestro pueblo subimos a las cimas de los montes próximos y acampamos en ellas, para guardarlas e impedir que salga de la ciudad hombre alguno. 14Así el hambre los consumirá a ellos, a sus mujeres y a sus hijos; y antes que los alcance la espada, quedarán tendidos en las calles de su propia ciudad, 15dándoles tú el merecido, por su malvada conducta de no haber salido a tu encuentro en son de paz».
El asedio de Betulia
16Fueron bien recibidas por Holofernes y todos sus siervos estas palabras, y al punto ordenó ejecutar cuanto se había dicho. 17Los hijos de Ammón levantaron el campo, y con ellos cincuenta mil asirios, que acamparon en el valle y ocuparon las aguas y los manantiales de agua de los israelitas. 18Subieron los hijos de Esaú y los de Ammón, y acamparon en la montaña frente a Dotain. Pusieron luego una división hacia el mediodía, hacia el este, contra Cesebel, que cae cerca de Huri, sobre el torrente de Macmar, y el resto del ejército asirio acampó en el llano, cubriendo toda la haz de la tierra. Las tiendas y la impedimenta se extendían en inmensa muchedumbre, con todas sus gentes, que eran en extremo numerosas. 19Los hijos de Israel clamaron al Señor, su Dios, pues perdieron el ánimo al verse cercados por sus enemigos, sin posible escape. 20El campo de los asirios, su infantería, sus carros y su caballería, los tuvieron cercados por espacio de treinta y cuatro días; de manera que a los habitantes de Betulia se les agotaron todas las aguas, 21quedaron vacías las cisternas, sin que tuvieran para beber a saciedad un día, y el agua se les distribuía con medida. 22Desmayaban las mujeres y los niños, los jóvenes desfallecían de sed, y caían sin fuerza en las calles de la ciudad y en los pasos de las puertas. 23Se amotinó todo el pueblo contra Ocías y contra los jefes de la ciudad, jóvenes, mujeres, y niños, y clamaron a grandes voces contra todos los ancianos, diciendo: 24«Sea Dios juez entre nosotros y vosotros, por habernos sometido a tamaña injusticia, no proponiendo tratos de paz a los asirios. 25Ahora ya no hay para nosotros auxilio, y Dios nos ha entregado en sus manos, para que ante ellos caigamos de sed y suframos completa ruina. 26Ahora, pues, llamadlos, y entregad la ciudad al saqueo de las gentes de Holofernes y de todo su ejército. 27Más ventajoso nos será entregarnos a ellos, porque siquiera, siendo siervos suyos, viviremos, y no veremos con nuestros ojos la muerte de nuestros niños, y consumidas nuestras mujeres y nuestros hijos. 28Os conjuramos por el cielo y la tierra, por nuestro Dios y Señor de nuestros padres, que nos castiga según nuestros pecados y según las transgresiones de nuestros padres, que desistáis». 29Se produjo un gran llanto en medio de la asamblea, y todos a una clamaron a grandes voces al Señor, Dios.
30Díjoles Ocías: «Tened ánimo, hermanos, esperemos cinco días, en los cuales volverá sobre nosotros su misericordia el Señor, nuestro Dios, que no nos abandonará hasta el fin. 31Si pasados estos días no nos viniera ningún auxilio, yo haré lo que pedís». Despidió al pueblo, y se fué cada uno a su puesto, a los muros y a las torres de la ciudad, y a las mujeres y a los niños los mandó a sus casas. Grande era el abatimiento que dominaba en la ciudad.
Escuchar el Capítulo 7
29 Este incidente, al mismo tiempo que muestra el aprieto del pueblo, manifiesta la fe de Judit y la oportunidad del auxilio divino.(Volver a Lectura).
Judit
8 1Entonces lo supo Judit, hija de Merarí, hijo de Ox, hijo de José, hijo de Ociel, hijo de Helcías, hijo de Elín, hijo de Quelcías, hijo de Eliab, hijo de Natanael, hijo de Salamiel, hijo de Saresadai, hijo de Israel. 2Su marido, Manasés, era de su misma tribu y familia, y había muerto en los días de la siega de la cebada. 3Hallándose con los atadores de haces en el campo, cogió una insolación y cayó en el lecho, y murió en Betulia, su ciudad. Diéronle sepultura en la de sus padres, en el campoque hay entre Dotaim y Belaman.
4Vivía en su casa Judit, guardando su viudez hacía tres años y cuatro meses. 5Habíase hecho un cobertizo en el terrado de la casa, y llevaba saco a la cintura debajo de los vestidos de su viudez. 6Ayunaba todos los días, fuera de los sábados, novilunios, las solemnidades y días de regocijo de la casa de Israel. 7Era bella de formas y de muy agraciada presencia. Su marido, Manasés, la había dejado oro y plata, siervos y siervas, ganados y campos, que ella por sí administraba. 8Nadie podía decir de ella una palabra mala, porque era muy temerosa de Dios.
9Llegaron a los oídos de Judit las desatinadas palabras que el pueblo había dirigido al jefe; vió cuán abatidos estaban por la escasez del agua, y supo asimismo la respuesta de Ocias, jurando entregar la ciudad a los asirios pasados cinco días. 10Envió a su sierva, la que tenía puesta sobre todos sus bienes, e hizo llamar a los ancianos de la ciudad, Ocías, Cabrín y Carmín, 11y cuando llegaron les dijo:
«Escuchadme, príncipes de la ciudad de Betulia: No es acertado lo que hoy habéis dicho al pueblo, como tampoco el juramento que habéis interpuesto entre Dios y vosotros,diciendo que entregaríais la ciudad a vuestros enemigos, si en esos días no viniere el Señor en vuestro auxilio. 12¿Quiénes sois vosotros paratentar a Dios, los que estáis constituidos en lugar de Dios, en medio de los hijos de los hombres? 13¿Al Dios Omnipotente pretendéis poner a prueba? ¿No acabáis de aprender? 14Si no podéis sondear la profundidad del corazón humano, ni comprender sus pensamientos, ¿cómo vais a escudriñar a Dios, el Creador de todas las cosas, a penetrar su mente y comprender sus pensamientos? De ningún modo, hermanos, irritéis al Señor, Dios nuestro; 15que si no quisiere ayudarnos en los cinco días, poder tiene para protegernos en el día que quisiere, o para destruirnos en presencia de nuestros enemigos. 16No pretendáis hacer fuerza a los consejos del Señor Dios nuestro, que no es Dios como un hombre que se mueve con amenazas, ni como un hijo del hombre que se rinde. 17Por tanto, esperando la salud, clamemos a El que nos socorra. Si fuese su beneplácito, oirá nuestra voz.
18Porque no hay en nuestra generación, ni se conoce eu nuestros días tribu, ni familia, ni región, ni ciudad, que adore dioses fabricados, como sucedía en los tiempos antiguos, 19por causa de los cuales fueron entregados nuestros padres a la espada y al saqueo y cayeron con gran estrago delante de sus enemigos. 20Pero nosotros no conocemos otro Dios fuera de él, por donde esperamos que no nos desatenderá, ni a nosotros ni a ninguno de nuestro linaje. 21Considerad que si nosotros fuéramos tomados, también Judea será destruida y nuestro santuario saqueado, y entonces Dios nos pedirla cuenta de su profanación. 22Y la matanza de nuestros hermanos, y el cautiverio de la tierra y la desolación de nuestra heredad, la haría el Señor recaer sobre nuestras cabezas en medio de las naciones a quienes sirviéramos, siendo escándalo y ludibrio a los ojos de nuestros dueños. 23Ni sería nuestra servidumbre para nuestro bien: antes en nuestra deshonra la volvería el Señor, Dios nuestro. 24Y ahora, hermanos, mostremos a nuestros conciudadanos que de nosotros pende no sólo nuestra vista, sino que el santuario, el templo y el altar sobre nosotros se apoyan. 25Demos gracias al Señor, nuestro Dios, que nos prueba, igual que a nuestros padres. 26Recordad cuanto hizo con Abraham, cómo probó a Isac, y qué cosas sucedieron a Jacob en Mesopotamia de Siria, cuando apacentaba las ovejas de Labán, su tío. 27Pues así como a aquéllos no los pasó por el crisol sino para examinar su corazón, así también a nosotros nos azota, no para castigo, sino para amonestación de los que le servimos».
28Ocías le respondió: «Todo cuanto has dicho es salido de un buen corazón, y no hay quien a tus palabras pueda oponer nada. 29No es hoy cuando tu sabiduría se descubre; desde el principio de tus días conoció el pueblo tu inteligencia y tu buen corazón. 30Pero es mucho lo que el pueblo padece por la sed, y esto nos obligó a hablar como hablamos, y a hacer el juramento que no quebrantaremos. 31Ruega por nosotros, tú que eres mujer piadosa, y el Señor enviará lluvia que llene nuestras cisternas, para que no perezcamos».
32Díjoles Judit: «Escuchadme: Yo me propongo realizar una hazaña que se recordará de generación en generación entre los hijos de nuestra raza. 33Vosotros estaos esta noche a la puerta: yo saldré con mi sierva, y en los días que pusisteis por término para entregar la ciudad a vuestros enemigos, visitará el Señor a Israel por mi mano. 34No tratéis de averiguar mis planes, que no os los manifestaré mientras no haya dado remate a lo que me propongo ejecutar.
35Y le contestaron Ocías y los jefes: «Vete en paz, y que el Señor vaya delante de ti, para que nos vengues de nuestros enemigos». 36Y saliendo del cobertizo, se fueron.
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5 Judit es el tipo de la piedad israelita, semejante a aquella viuda que San Lucas nos muestra sirviendo al Señor en el templo en oración y ayuno desde su temprana viudez.(Volver a Lectura).
27 Este discurso de Judit a los jefes del pueblo muestra la grandeza de su fe y el alto concepto que tiene del soberano poder de Dios, que sin duda cumplirá sus promesas, pero que es libre para elegir el tiempo y el modo de cumplirlas. Si tarda es que quiere probarnos, pero no dejará de venir en nuestro auxilio.(Volver a Lectura).
Oración de Judit
9 1Judit, postrándose rostro a tierra, echó ceniza sobre su cabeza y descubrió el cilicio que llevaba ceñido. Era precisamente la hora en que se ofrecía en Jerusalén, en la casa de Dios, el incienso de la tarde, cuando clamó Judit con gran voz al Señor, diciendo: 2«Señor, Dios de mi padre Simeón, en cuya mano pusiste una espada para tomar venganza de los extranjeros que habían violado a una doncella para su deshonra, poniendo al descubierto sus muslos para su vergüenza, y profanando su seno para su oprobio. 3Contra lo que tú tenías mandado que se hiciese obraron ellos, y por eso entregaste sus príncipes a la muerte, y su lecho, testigo de sus engaños, lo cubriste de sangre; heriste a los siervos con sus príncipes, y a éstos sobre su trono. 4Diste sus mujeres en presa y sus hijos al cautiverio, y todos sus bienes en reparto a tus hijos predilectos, que se abrasaban en celo por ti, abominaban la impureza de la sangre de aquéllos y te invocaron en su auxilio. Dios, Dios mío, escucha a esta pobre viuda. 5Tú, en efecto, ejecutas las hazañas, las antiguas, las siguientes, las de ahora, las que vendrán después; tú planeaste lo que estaba por venir, y sucedía como tú lo habías decretado, y se presentaba a ti, diciendo: Heme aquí. Pues todos tus caminos están dispuestos y previstos tus juicios.
6Mira que los asirios tienen un ejército poderoso, se engríen de sus caballos y jinetes, se enorgullecen de la fuerza de sus infantes, tienen puesta su confianza en sus broqueles, en sus lanzas, en sus arcos y en sus hondas y no saben que tú eres el Señor que decide las batallas, cuyo nombre es Yavé. 7Quebranta su fuerza con tu poder, pulveriza su fuerza con tu ira; porque han resuelto violar tu santuario, profanar el tabernáculo en que se posa tu glorioso nombre, y derribar con el hierro los cuernos de tu altar. 8Pon los ojos en su soberbia, descarga tu cólera sobre su cabeza, dame a mí, pobre viuda, fuerza para ejecutar lo que he premeditado. 9Hiere con la seducción de mis labios al siervo con el príncipe, y al príncipe con el siervo, y quebranta su orgullo por mano de una mujer. 10Que no está tu poder en la muchedumbre, ni en los valientes tu fuerza; antes eres tú el Dios de los humildes, el amparo de los pequeños, el defensor de los débiles, el refugio de los desamparados y el salvador de los que no tienen esperanza. 11Sí, sí, Dios de mis padres, y Dios de la heredad de Israel, Señor de los cielos y de la tierra, Creador de las aguas, Rey de toda la creación; escucha mi plegaria 12y dame una palabra seductora, que cause heridas y cardenales en aquellos que han resuelto crueldades contra tu alianza, contra tu santa casa, contra el monte de Sión, contra la casa que es posesión de tus hijos. 13Haz que todo tu pueblo y cada una de sus tribus reconozca y sepa que tú eres el Dios de toda fortaleza y poder, y que no hay otro fuera de ti que proteja al linaje de Israel».
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1 La oración se inspira en los mismos sentimientos antes expresados a los jefes del pueblo. Algo de extraño tiene la súplica pidiendo eficacia para los medios que se propone emplear. Véase lo dicho en la introducción, según la doctrina de Santo Tomás.(Volver a Lectura).
Sale Judit para el campo asirio
10 1Una vez que cesó de clamar al Dios de Israel y acabó todo esto, se levantó de su postración,y llamando a la esclava, bajó a la casa en que solía morar los sábados y las festividades. 2Se quitó el saco que llevaba ceñido y se despojó de los vestidos de viudez; bañó en agua su cuerpo, se ungió con ungüentos, aderezó los cabellos de su cabeza, púsose encima la mitra, se vistió el traje de fiesta con que se adornaba cuando vivía su marido Manasés, calzóse las sandalias, se puso los brazaletes, ajorcas, anillos y aretes y todas sus joyas, y quedó tan ataviada, que seducía los ojos de cuantos hombres la miraban. 3Entregó a su sierva una bota de vino y un frasco de aceite, llenó una alforja de panes de cebada, de tortas de higos y de panes limpios, envolviéndolo todo en paquetes, y se lo puso a la esclava a las espaldas.
4Al salir por la puerta de la ciudad de Betulia, encontró al prefecto de la ciudad, Ocías, y a los ancianos Cabrín y Carmín; 5los cuales, al verla y notar su rostro mudado y sus ricos vestidos, quedaron sobremanera maravillados de su belleza, y le dijeron: 6«Dios, el Dios de nuestros padres, te dé gracia y lleve al cabo tus proyectos para gloria de Israel y exaltación de Jerusalén». Y adoraron a Dios. 7Ella les dijo: «Ordenad que se abran las puertas de la ciudad, y saldré a realizar lo que con vosotros he hablado». Y ordenaron a los jóvenes que le abriesen las puertas, como ella había dicho. 8Hiciéronlo así, y Judit salió, seguida de su sierva. La gente de la ciudad la estuvo mirando, hasta que bajando el monte atravesó el valle y la perdieron de vista.
9Siguiendo la dirección del valle, caminaron hasta que les salió al paso una avanzada de los asirios, 10que la cogieron y le preguntaron: «¿Quién eres tú y de dónde vienes y a dónde vas?» A lo que ella contestó: «Soy una hija de los hebreos, que voy huyendo de su presencia, porque están a punto de seros dados en presa.
11Voy a presentarme a Holofernes, general en jefe de vuestro ejército, para comunicarle noticias verdaderas; quiero indicarte el camino por donde puede subir y dominar toda la montaña, sin que perezca ni uno solo de sus hombres».
12Cuando oyeron tales palabras y contemplaron su rostro, que les pareció maravilloso por su extraordinaria belleza, le dijeron: 13«Has salvado tu vida, apresurándote a bajar a nuestro señor; ve, pues, a su tienda, que de los nuestros te acompañarán hasta entregarte a él. 14Cuando estés en su presencia, no temas, comunícale esas noticias y serás bien tratada». 15Escogieron de ellos cien hombres, que la acompañaron a ella y a su sierva, conduciéndolas a la tienda de Holofernes. 16Corrió por las tiendas la voz de su venida, y se juntó un gran concurso en el campamento, que la rodeó mientras estuvo fuera de la tienda de Holofernes, esperando ser presentada. 17Todos se maravillaban de su belleza, y por ésta, de los hijos de Israel, diciéndose unos a otros: «¿Quién se atreverá a despreciar a este pueblo que tales mujeres tiene? No se debe dejar ni una sola de éstas, porque las que quedaren serían capaces de seducir a toda la tierra». 18Salieron los que hacían la guardia cerca de Holofernes y todos sus servidores, y la introdujeron en la tienda.
19Hallábase Holofernes descansando en su lecho, bajo un dosel tejido de púrpura y oro y cuajado de esmeraldas y otras piedras preciosas. 20En cuanto se la anunciaron, salió a la antecámara, precedido de lámparas de plata. 21Llegada Judit a presencia de Holofernes y de sus servidores, todos se quedaron maravillados de la belleza de su rostro. Postróse ante él, pero los servidores la levantaron.
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Judit ante Holofernes
11 1Díjole Holofernes: «Ten buen ánimo, mujer, y no te intimides, que yo nunca hice daño a nadie que estuviera dispuesto a servir a Nabucodonosor, rey de toda la tierra. 2Si ese tu pueblo que habita en la montaña no me hubiera despreciado, nunca yo levantara contra ellos mi lanza, pero ellos lo han querido. 3Ahora dime por qué has huido de ellos, viniéndote a nosotros. En verdad te has salvado. Ten ánimo, que salva serás esta noche y en lo futuro. 4Nadie se atreverá a ofenderte, antes todos te harán bien, como se hace a los siervos de mi señor, el rey Nabucodonosor».
5Judit le respondió: «Oye las palabras de tu esclava, y deja que te hable tu sierva, que no diré a mi señor esta noche cosa que no sea verdad. 6Si sigues las indicaciones de tu esclava, seguramente que Dios acabará por ti el negocio, y no fracasará mi señor en sus empresas. 7Pues por la vida de Nabucodonosor, rey de toda la tierra, y por el poder de quien te ha enviado para reducir al buen camino a todos los vivientes, que no sólo los hombres serán por ti reducidos a su servidumbre, sino que aun las mismas fieras del campo y los ganados y las aves del cielo, por tu fortaleza vivirán bajo el gobierno de Nabucodonosor y de toda su casa. 8En verdad, a nuestros oídos ha llegado la fama de tu sabiduría y la de tu gran inteligencia, y por toda la tierra se ha corrido la noticia de que tú eres el mejor de todo el reino, el que más vale por la ciencia y el más admirable por el arte de la guerra. 9Sabemos las palabras que Aquior habló en tu consejo, y hemos oído sus dichos, pues las gentes de Betulia se apoderaron de él, y él les comunicó todo lo que había hablado en tu presencia. 10Por esto, dueño y señor mío, no eches en olvido ninguna de sus palabras, guárdalas en tu corazón, que son verdaderas. Nunca nuestro linaje es castigado, ni la espada prevalece contra ellos, si no han pecado contra Dios.
11Ahora, para que mi señor no sea rechazado y fracase, ya la muerte se abate sobre ellos, y se apodera de ellos el pecado con que han irritado a su Dios. Seguramente que han cometido un gran pecado, 12ya que se les han agotado las provisiones, el agua escasea, y han resuelto matar sus ganados y beber su sangre, y comer cuanto Dios en sus leyes les ordenó que no comieran, 13y hasta las primicias del trigo, los diezmos del vino y del aceite, que como cosas santas están reservadas a los sacerdotes que en Jerusalén asisten en la presencia de nuestro Dios, a pesar de que a ninguno del pueblo lo es lícito tocarlo con las manos. 14Han enviado mensajeros a Jerusalén, donde también sus moradores han hecho lo mismo, para que obtengan el perdón del senado; 15y sucederá que en cuanto les llegue la noticia lo harán, y entonces, para ruina suya te serán entregados. 16Por lo cual yo, tu sierva, sabedora de todas esas cosas, huí de ellos, y Dios me envía a ejecutar en ti una cosa de que se maravillará toda la tierra, cuando la oyeren. 17Pues tu sierva es temerosa del Dios del cielo, a quien día y noche, sirve. Por ahora me quedaré aquí, señor mío, y a la noche me iré al valle a orar a mi Dios; y cuando ellos hayan cometido esos pecados, él me lo dirá y yo vendré a comunicártelo. Tú entonces saldrás con tu ejército, al que nadie podrá resistir. 18Yo misma te guiaré por en medio de Judea hasta llegar a Jerusalén, y haré que te sientes en medio de ella, y los conduzcas como ovejas sin pastor. Ni un perro ladrará contra ti. Todo esto me ha sido comunicado por revelación, y para anunciártelo he sido yo enviada».
19Mucho agradaron semejantes discursos a Holofernes y a todos sus servidores; y maravillados de su sabiduría, decían: 20«De un extremo a otro de la tierra no hay mujer de tan hermoso rostro y de tan discretas palabras». 21Contestóle Holofernes: «Bien ha hecho Dios en enviarte a fortalecer mis manos y perder a los que desprecian a mi señor. 22Cuanto a ti, muy hermosa eres y muy discreta en tus palabras. Si haces cuanto has dicho, tu Dios será mi Dios y tendrás un asiento en la casa del rey Nabucodonosor, y tu fama se extenderá por toda la tierra».
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11 Las leyes de santidad aplicadas a las comidas eran muy graves, como vemos en el Nuevo Testamento. Judit no quiere contaminarse y por eso lleva consigo sus manjares y sale al campo a hacer sus purificaciones, sin ocultárselo a sus enemigos.(Volver a Lectura).
El banquete de Holofernes
12 1Mandó Holofernes que la alojaran en donde guardaba su vajilla de plata, y dispuso proveerle la mesa de sus propios manjares y darle a beber de su vino. 2Pero Judit dijo: «No comeré de tus manjares, pues podrían ser para mí tropiezo; comeré de lo que traigo conmigo». 3Holofernes le contestó: «Y cuando se agoten las provisiones que traes, ¿de dónde podremos traer otras semejantes para darte? Porque no hay entre nosotros ninguno de tu nación. 4A lo que Judit respondió: «Juro por tu vida, mi señor, que no consumirá tu sierva las provisiones que consigo trae, antes que Dios realice por mi mano lo que tiene resuelto».
5La introdujeron los servidores de Holofernes en la tienda, y durmió hasta la medianoche; levantándose a la vigilia matutina, envió a decir a Holofernes: «Ruego a mi señor ordene que sea permitido a tu sierva salir a hacer oración». 6Y ordenó Holofernes a los de su guardia que no la estorbasen. Así permaneció tres días en el campamento, saliendo cada noche al valle de Betulia, para bañarse en el agua de la fuente. 7Cuando iba, oraba al Señor Dios de Israel que dirigiese sus pasos, para exaltación de los hijos de su pueblo. 8Luego que entraba limpia, permanecía enla tienda hasta que le traían la comida, a la caída de la tarde.
9Al cuarto día dió Holofernes un banquete sólo a sus servidores, sin invitar a ninguno de sus oficiales. 10Y al eunuco Bagoes, que tenía la intendencia de todas sus cosas, le dijo: «Ve y persuade a esa mujer hebrea que tienes encomendada, que venga acá a comer y beber con nosotros. 11Sería vergonzoso que despidiéramos a tal mujer sin tener comercio con ella; porque si no la conquistáramos, se iría riendo de nosotros». Salió Bagoes de la presencia de Holofernes, y vino a Judit, diciéndole: «No vacile esta hermosa sierva en venir a mi señor, para ser honrada de él y alegrarse bebiendo vino con nosotros, haciéndose este día como una hija de los asirios, que asisten en el palacio de Nabucodonosor». 12Judit le contestó: ¿Quién soy yo para contradecir a mi señor? Todo lo que fuere grato a sus ojos lo haré con presteza, y será esto motivo de alegría para mí, hasta el fin de mi vida.
13Al punto se vistió y se atavió de todo su aderezo femenil. Su sierva fué y le preparó en el suelo, enfrente de Holofernes, las pieles que había recibido de Bagoes, para su uso cotidiano, para que sentada en ellas comiese. 14Entró Judit y se sentó. El corazón de Holofernes quedó prendado de ella, su alma hervía en deseos de unirse a ella. Desde el día que la vio estaba aguardando una ocasión para rendirla. 15Díjole Holofernes: «Bebe y alégrate con nosotros». 16Y contestó Judit: «Beberé, señor, que yo tengo este día por el más grande de toda mi vida». 17Tomó lo que la sierva le había preparado, y comió en presencia de Holofernes, el cual se alegró sobremanera con ella, y bebió tanto vino, cuanto jamás lo había bebido desde el día que nació.
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8 Las leyes de santidad aplicadas a las comidas eran muy graves, como vemos en el Nuevo Testamento. Judit no quiere contaminarse y por eso lleva consigo sus manjares y sale al campo a hacer sus purificaciones, sin ocultárselo a sus enemigos.(Volver a Lectura).
El golpe decisivo
13 1Cuando ya se hizo tarde, los siervos de Holofernes se salieron aprisa, y Bagoes cerró por fuera la tienda e hizo a todos retirarse de allí, y se fueron a sus lechos, pues estaban rendidos, porque el banquete había sido largo. 2Quedó Judit sola en la tienda, y Holofernes tendido sobre su lecho, todo él bañado en vino. Dijo Judit a su sierva que se quedase fuera de la alcoba, y aguardara su salida como en los días pasados, añadiéndole que saldría a su oración. Lo mismo había dicho a Bagoes. 3Habíanse ido ya todos, sin quedar nadie, ni pequeño ni grande, en la estancia. Puesta entonces en pie junto al lecho de Holofernes, dijo en su corazón: «Señor, Dios todopoderoso. Mira, en esta hora, la obra de mis manos, para exaltación de Jerusalén, pues ésta es la ocasión de acoger tu heredad y de ejecutar mis proyectos, para ruina de los enemigos que están sobre nosotros». 4Y acercándose a la columna del lecho que estaba a la cabeza de Holofernes, descolgó de ella su alfanje; y llegándose al lecho, le cogió por los cabellos de su cabeza, y dijo: «Fortaléceme, Dios de Israel, en esta hora». Y con toda su fuerza le hirió dos veces en el cuello, cortándole la cabeza. Envolvió el cuerpo en las ropas del lecho, quitó de las columnas el dosel, y cogiéndolo, salió en seguida, entregando a la sierva la cabeza de Holofernes, 5que ésta echó en la alforja de las provisiones, y ambas salieron juntas como de costumbre.
Atravesado el campamento, rodearon el valle y subieron al monte de Betulia, hasta llegar a las puertas de la ciudad. Gritó de lejos Judit a los que hacían la guardia sobre las puertas.
«Abridnos, abridnos las puertas; Dios, nuestro Dios, está con nosotros, para mostrar una vez más su fuerza en Israel y su poderío contra los enemigos, como hoy acaba de hacerlo». 6Y en cuanto los hombres de la ciudad oyeron su voz, se dieron prisa en bajar a la puerta, y avisaron a los ancianos de la ciudad. 7Todos, desde el pequeño hasta el grande, concurrieron, porque era para ellos inesperada la llegada de Judit. Abrieron la puerta, las recibieron, y encendiendo fuego para alumbrar, las rodearon.
8Judit, levantando la voz, les dijo: «Alabad a Dios, alabadle, alabad a Dios, que no ha apartado su misericordia de la casa de Israel, antes por mi mano ha herido esta noche a nuestros enemigos». 9 Y sacando de la alforja la cabeza, se la mostró, diciendo: «He aquí la cabeza de Holofernes, el general en jefe del ejército asirio, y he aquí el dosel bajo el que yacía en su embriaguez, aquel a quien el Señor hirió por la mano de una mujer. 10Yo juro por el señor, que me ha guardado en todos mis pasos, que mi rostro le sedujo para perdición suya, pero que no cometió contra mí pecado alguno que pudiera mancillarme o avergonzarme». 11Todo el pueblo quedó estupefacto; y doblando las rodillas, adoraron a Dios, diciendo a una voz: «Bendito seas, Dios nuestro, que has aniquilado en este día a los enemigos de tu pueblo».
12Ocías le dijo: «Bendita tú, hija, del Dios Altísimo, sobre todas las mujeres de la tierra, y bendito el Señor Dios, que creó los cielos y la tierra, y te ha dirigido hasta aplastar la cabeza del jefe de nuestros enemigos. 13Tus alabanzas estarán siempre en la boca de cuantos tengan memoria del poder de Dios. 14Haga él que esto sea para tu eterna gloria, y cólmete de todo bien, pues no has perdonado tu vida por librar a tu pueblo. En nuestra caída has sido su socorro, andando rectamente en la presencia de nuestro Dios». Y el pueblo contestó: «Amén, Amén».
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10 Ante todo, pone esto por delante que para realizar su hazaña no ha tenido que envilecerse entregándose a la liviandad del caudillo enemigo. Dios la preservó de toda mancha.(Volver a Lectura).
El golpe de Judit, descubierto en el campo asirio
14 1Y díjoles Judit: «Oídme, hermanos: Coged esta cabeza y colgadla de las murallas. 2Y en cuanto amanezca y el sol se derrame sobre la tierra, tome cada uno sus armas, y salid todos los hombres de guerra fuera de la ciudad, con el jefe al frente, y haréis ademán de bajar al Valle contra los puestos de guardia de los asirios, pero sin bajar. 3Ellos, tomando sus armas, se encaminarán a su campo para despertar a los jefes del ejército asirio, e irán a la tienda de Holofernes; y al no hallarle, se apoderará de ellos el temor y huirán ante vosotros. 4Se unirán a vosotros en la persecución todos los habitantes de toda la montaña de Israel, y los desbarataréis por los caminos. 5Pero antes de hacer esto, llamad a Aquior, el ammonita, para que vea y reconozca la cabeza del que despreció a la casa de Israel y nos lo envió como destinado a la muerte».
6Hicieron venir a Aquior de casa de Ocías. Cuando aquél vió la cabeza de Holofernes en las manos de un hombre en medio de la asamblea del pueblo, cayó sobre su rostro, sintiéndose desfallecido. 7Levantáronle, se arrojó a los pies de Judit, y humillándose en su presencia, dijo: «Bendita seas tú en todas las tiendas de Judá y en todas las naciones. Cuantos oigan tu nombre quedarán asombrados. 8Dime ahora lo que has hecho en estos días». Y en medio de todo el pueblo le contó Judit cuanto había hecho desde el día de su salida hasta el momento en que les hablaba.
9Cuando acabó de hablar, prorrumpió el pueblo en grandes aclamaciones y resonaron en la ciudad los gritos de alegría.
10Viendo Aquior lo que el Dios de Israel había hecho, creyó en él, y se circuncidó la carne de su prepucio, y hasta el día de hoy quedó agregado a la casa de Israel.
11En cuanto despertó la aurora, colgaron del muro la cabeza de Holofernes; y todos los hombres de Israel tomaron sus armas, y en escuadrones salieron a las subidas del monte. 12Así que los asirios los vieron, dieron aviso a sus oficiales, y éstos a sus jefesy a sus generales. 13Llegando a la tienda de Holofernes, dijeron al que estaba de guardia: «Di que despierten en seguida a nuestro Señor, porque estos esclavos se han atrevido a bajar contra nosotros en son de guerra y pretenden aniquilarnos».
14Entró Bagoes, y llamó agitando la cortina de la tienda, pues suponía él que estaría durmiendo con Judit. 15Y como nadie le respondía, corrióla cortina; y entrando en la alcoba, le encontró tendido sobre el estrado, muerto y con la cabeza cortada. 16Gritó en medio de llantos, lamentos y fuertes voces, y rasgó sus vestiduras. 17Entró luego en la tienda en que estaba alojada Judit, y no hallándola, salió corriendo al pueblo y gritó: 18«¡Esas esclavas han cometido una traición! Una mujer hebrea ha echado la confusión en la casa del rey Nabucodonosor. Holofernes está en tierra y sin cabeza». 19Cuando los jefes del ejército asirio oyeron tales palabras, rasgaron sus vestiduras, y quedaron consternados, levantándose en medio del campo gran griterío y alboroto.
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El ejército invasor, desbaratado
15 1Llegada la noticia a los que estaban en las tiendas, quedaron fuera de sí de lo sucedido, 2apoderándose de ellos el temor y el espanto, tanto, que ya no se vió hombre al lado de su compañero, porque todos a una se dispersaron, huyendo por los caminos del llano y de la montaña. 3Los que estaban acampados en la montaña en torno de Betulia, se dieron a la fuga; y entonces los hijos de Israel, todos sus guerreros, se lanzaron sobre ellos. 4Envió Ocías mensajeros a Betmastaím, a Coba y a toda la montaña de Israel, que comunicasen lo sucedido, para que todos se lanzasen sobre los enemigos hasta acabar con ellos. 5Cuando esto oyeron los hijos de Israel, todos a una se echaron sobre ellos, y los desbarataron hasta Coba; y asimismo los que habían venido de Jerusalén y de toda la montaña, porque también a ellos había llegado la noticia de lo acontecido en el campo enemigo. Los habitantes de Galaad y de Galilea les infligieron una gran derrota, hasta pasar de Damasco y sus confines. 6Los restantes moradores de Betulia cayeron sobre el campamento de los asirios y lo saquearon, enriqueciéndose grandemente. 7Los hijos de Israel, al volver de la persecución, se adueñaron de lo restante;
y las aldeas y las alquerías que había en la montaña y en el llano se apoderaron de mucho botín, porque era éste enormemente grande.
8Joaquim, sumo sacerdote, y el senado de los hijos de Israel, que moraba en Jerusalén, vinieron para contemplar los bienes que el Señor había hecho a Israel, y para ver a Judit y darle la enhorabuena. 9En cuanto entraron en su casa, todos a una la aclamaron, diciendo: «Tú, orgullo de Jerusalén; tú, gloria de Israel; tú, honra de nuestra nación; 10por tu mano has hecho todo esto; tú has realizado esta hazaña en favor de Israel. Que se complazca Dios en ella. Bendita seas tú del Señor omnipotente, por siempre jamás». Y todo el pueblo respondió: «Amén».
11Por espacio de treinta días estuvieron saqueando el campamento. A Judit le dieron la tienda de Holofernes, con toda la argentería, y los lechos y los cojines y todos los muebles. Ella enganchó la mula, los cogió y los cargó en el carro. 12Todas las mujeres de Israel se reunieron para verla y aclamarla, y organizaron danzas en su honor. 13Cogió tirsos en sus manos y se los dió a las mujeres que iban con ella, todas coronadas de olivo, y a cuantos las acompañaban. Delante de todo el pueblo, guiando la danza de las mujeres iba Judit, y todos los hombres de Israel la seguían armados, ceñidas las sienes con coronas y cantando himnos. 14Y comenzó Judit este canto de acción de gracias, y todo Israel a una respondía.
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Cántico de Judit
16 1«Entonad a mi Dios con tímpanos.
Cantad a mi Señor con címbalos,
entonadle un salmo nuevo,
ensalzad e invocad su nombre.
2Porque el Señor es Dios que acaba con las guerras;
porque en su campamento, en medio del ejército,
me libró del poder de mis perseguidores.
3Vino Asur de las montañas del Norte,
llegó con las miríadas de su ejército,
cuya muchedumbre obstruía los valles,
y cuya caballería cubría los collados.
4Pensó él que abrasaría mis términos,
que daría mi juventud a la espada,
que estrellaría contra el suelo mis niños de pecho,
que daría en botín mis jóvenes,
que repartiría mis doncellas.
5El Señor omnipotente los aniquiló por mano de una mujer.
6No cayó su caudillo a manos de jóvenes,
ni le hirieron tajos de titanes,
ni soberbios gigantes pusieron en él la mano;
Judit, hija de Merari, con la hermosura de su rostro le paralizó.
7Se despojó del hábito de su viudez,
para exaltación de los que quedaban en Israel. Se ungió el rostro con perfumes,
8prendió sus cabellos con la mitra,
se puso la túnica de lino para seducirle.
9Sus sandalias arrebataron los ojos del asirio,
y su belleza cautivó su alma,
y el alfanje segó su garganta.
10Se estremecieron los persas de su audacia,
y los medos se pasmaron de su temeridad.
11Dieron gritos de júbilo mis humildes,
y exultaron mis débiles. Mas los asirios se estremecieron de espanto,
alzaron el grito y se dieron a la fuga.
12Hijos de madres jóvenes los atravesaron, y como a siervos huidos los hirieron,
perecieron de las filas de su señor.
13Cantaré al Señor un cántico nuevo.
Señor, grande eres tú y glorioso,
admirable en poder, insuperable.
14A ti te sirve la creación entera,
porque tú dijiste y todo fué hecho;
enviaste tu aliento y él lo vivificó,
y no hay quien resista a tu voz.
15Los montes se agitarán por las aguas en sus cimientos,
Las rocas se derretirán como cera ante tu rostro.
A los que te temen te muestras propicio,
16porque es poco para ti el sacrificio de suave olor,
y es nada toda la grasa para tus holocaustos.
Sólo el que teme al Señor es siempre grande.
17¡Ay de las naciones que se levanten contra mi pueblo!
El Señor omnipotente los castigará en el día del juicio,
dando al fuego y a los gusanos sus carnes,
y gemirán de dolor para siempre».
18Llegados a Jerusalén, adoraron a Dios; y luego que el pueblo se hubo purificado, ofrecieron sus holocaustos, sus votos y sus ofrendas. 20Ofreció Judit todos los muebles de Holofernes, que el pueblo lo había regalado, y el dosel que había cogido de la tienda, y lo dió en ofrenda al Señor. 21El pueblo pasó tres meses alegre en Jerusalén, ante el santuario, permaneciendo Judit con ellos.
22Pasados aquellos días, se volvió cada uno a su heredad, y Judit partió para Betulia y moró en su posesión, y fué por toda su vida ilustre en toda la tierra. 23Muchosla pretendieron, pero ningún varón la conoció en todos los días de su vida, desde el día que murió Manasés, su marido, y se reunió con su pueblo. 24Llegó a muy anciana en la casa de su marido, alcanzando la edad de ciento cinco años. A la esclava le dió la libertad. Murió Judit en Betulia, y fué sepultada en la gruta de Manasés, su marido. 26 La lloró la casa de Israel por espacio de siete días. Antes de morir, repartió su hacienda con los más próximos parientes de su marido, Manasés, y con los más próximos de su propia familia. 25En los días de Judit, y por mucho tiempo después de su muerte, no hubo nadie que infundiese temor a los hijos de Israel.
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