Recibe el libro su nombre de la heroína que es el personaje principal de la obra. El argumento sería un episodio importante de la historia de las naciones orientales, y principalmente del pueblo israelita. Un rey de Nínive, capital del imperio asirio, por nombre Nabucodonosor, siente ansias de ser reconocido, no sólo por soberano, sino también como dios, y por dios único de todos los pueblos. Para lograr su propósito empieza por dirigir un mensaje, que es a la vez ultimátum. Es el mensaje rechazado, y se viene entonces a los medios de fuerza. Lograda la victoria contra un cierto Arfacsad, rey de Media, el primer general de los ejércitos asirios, Holofernes, se pone al frente de ciento veinte mil infantes, doce mil caballos, mas un ejército numeroso de tropas auxiliares que se le van agregando, con el encargo de someter el resto de las naciones a la obediencia y culto de Nabucodonosor. Y, en efecto, la expedición, aunque geográficamente nada clara, procede con gran éxito hasta venir a enfrentarse con Irsael por el norte de la región de Samaría.
Hacía poco que el pueblo de Dios había vuelto del cautiverio y había restaurado la ciudad de Jerusalén con su santuario y repoblado el resto de la tierra. La nación samaritana no parece existir. Vive el pueblo tranquilo, bajo el gobierno del sumo sacerdote y de un senado de ancianos (gueraria), muy confiados en la prolección del Señor, por la fiel observancia de su alianza. El ataque, de los asirios se dirige contra la ciudad de Betulia ( Betilina ), que a pesar de los detalles que se dan en 4, 4-8, no se ha logrado identificar. Más de un mes resiste el asedio de tan poderoso ejército; hasta que Judit sale de la ciudad, engaña al generalísimo asirio y le da muerte, causando la dispersión de todas sus fuerzas.
Los exégelas encuentran dificultades para encuadrar los episodios narrados en este libro en la historia general de los pueblos orientales. Algunos los colocan en tiempos ne Asurbanípal, otros en los de Artajerjes o en los de Epijanes.
Tampoco están del todo conformes, aun los católicos, en determinar el género literario de este librito; asunto que debe resolverse en conformidad con la luminosa doctrina expresada en la citada Encíclica de Pío XII, Divino Afflante Spiritu, empezando por resolver el problema crítico de la conservación del texto primitivo.
En la conducta de Judit hay cosas que la moral cristiana no justifica. Santo Tomás dice de ellas: «Se recomiendan algunos en la Sagrada Escritura, no por la perfección de su virtud, sino por cierta índole virtuosa, es decir, por cierto afecto laudable, los que movía a ejercitar cosas ilícitas. Así es alabada Judit, no por haber mentido a Holofernes, sino por el afecto que a ello la indujo, es decir, el amor a su pueblo, por el cual se expuso al peligro (Sum. Theol. II, II, q. 110 a. 3 ad 3).
Del autor del libro nada podemos afirmar, sino que era un judio, conocedor de las Escrituras, lleno de fe en los destinos de su nación, devoto de la ley, que escribió en hebreo o arameo, hacia el fin del judaismo, un siglo o dos antes de Jesucristo.
Se desconoce el texto original, y las versiones que nos quedan se dividen en dos grupos. Forman el primero los diversos códices de la versión griega, la antigua ítala y la versión siriaca, de la griega derivadas. El segundo grupo lo forma la versión de San Jerónimo, que tenemos en la Vulgata, de la cual dice el autor en su carta-prólogo: «Al hacer este trabajillo he traducido más bien sentido de sentido que de la palabra la palabra. He prescindido de las numerosas divergencias de los códices, dando en latín sólo aquello que del texto caldeo logré sacar en limpio. Resulta, pues, que la versión del santo Doctor está hecha de los textos árameos en la forma que él mismo dice. Para la nuestra hemos tomado por base el texto griego, publicado en la edición que Sixto V hizo de los LXX.
(Cfr. Intr. Gral.)
PRIMERA PARTE: ANTECEDENTES AL ASEDIO DE BETULIA (1-6): Potencia de Nabucodonosor (1). Expedición de Holofernes (2). Cobarde conducta de las naciones gentiles (3). Los judíos se preparan para la guerra (4). Discurso de Aquior a Holofernes (5). Respuesta de Holofernes (6).
SEGUNDA PARTE: VICTORIA DEL PUEBLO JUDÍO (7-16): Grave situación en Betulia (7). Judit ante los capitanes del pueblo (8). Su oración a Dios (9). Camino del campo asirlo (10). En presencia de Holofernes (11). Judit en la cena de Holofernes (12). Vuelve triunfante a la ciudad (13). Ataque de los judíos contra los asirios (14). La victoria completa (15). Cántico de Judit (16,1-22). Fin de la historia de Judit (16,23-31).
Arfacsad, rey de Ecbatana
1 1Era el año duodécimo del reinado de Nabucodonosor, que reinó sobre los asirios en la gran ciudad de Ninive, en los días de Arfacsad, que reinó sobre los medos en Ecbatana, 2a la que rodeó de un muro construido de piedras labradas, de tres codos de ancho y seis de largo, siendo la altura del muro de setenta codos y de cincuenta su anchura. 3Levantó también torres en las puertas, hasta la altura de cien codos, y el ancho de sus cimientos era de sesenta codos. 4Construyó sus puertas, que se levantaban hasta setenta codos, siendo su ancho de cuarenta, para dar paso a sus fuerzas poderosas y a la muchedumbre de sus infantes.
Mensaje de Nabucodonosor a las naciones y guerra contra Arfacsad
5En aquellos días combatió Nabucodonosor contra Arfacsad en la gran planicie, esto es, en los confines de Ragáu. 6Le habían salido al paso todos los habitantes de la montaña, todos los ribereños del Eufrates, del Tigris y del Hidaspes; y en la llanura de Arioc, el rey de los Elamitas y muchísimos pueblos se juntaron para hacer frente a los hijos de Jeleal, (caldeos).
7Después mandó sus fuerzas Nabucodonosor, rey de los asirios, contra Persia, contra todos los habitantes del Occidente, contra Cilicia, Damasco, el Líbano y el Antillbano, contra cuantos moran en la costa del mar, 8contra los del Carmelo, contra Galaad, Galilea la alta, contra la gran llanura de Esdrelón, 9y los moradores de Samaría y sus ciudades, contra el otro lado del Jordán hasta Jerusalén, Betona, Quelos, Cades, contra el río de Egipto, Tafnis, Rameses y toda la tierra de Guesen, 10hasta por encima de Tafnis y de Menfis, y todo Egipto hasta los confines de Etiopía. 11Despreciaron todos los moradores de la tierra el mensaje de Nabucodonosor, rey de los asirios, y se aprestaron para hacerle la guerra, porque no le temían, pues era a sus ojos como un hombre cualquiera. 12Se irritó grandemente Nabucodonosor contra todas estas gentes, y juró por su trono y por su señorío que tomaría venganza de todos los confines de Cilicia y de Damasco y de Siria, y que aniquilaría con su espada a todos los moradores de Moab, y a los hijos de Ammón y a toda la Judea y a todos los que moran en Egipto, hasta los confines de los dos mares.
13Había puesto en movimiento sus fuerzas contra el rey Arfacsad, en el año diecisiete; le venció en batalla campal y aniquiló todo el poder de Arfacsad, toda su caballería y todos sus carros, 14y se apoderó de sus ciudades, llegando hasta Ecbatana, haciéndose dueño de sus torres y devastando sus calles y convirtiendo en oprobio toda su belleza. 15Se apoderó de Arfacsad en las montañas de Ragáu, y le atravesó con sus propias armas y acabó con él. 16Vuelto Nabucodonosor a Nínive con todo su ejército y con todos los que se le habían unido, muchedumbre incontable de guerreros, descansó allí y banqueteó con su ejército por espacio de ciento veinte días.
Escuchar el Capítulo 1
1 El nombre de Nabucodonosor era bien conocido de los judíos, y todos sabían que había sido rey de Babilonia. Sería posible que el texto primitivo pusiera Babilonia en vez de Nínive. Sin embargo, el texto habla siempre de «asirios».(Volver a Lectura).
2 Ecbatana era, en efecto, la capital del reino de los medos y, más tarde, residencia de estío de los reyes de Persia. Cuanto a su rey Arfacsad, es desconocido en la historia.(Volver a Lectura).
Guerra contra las naciones
2 1El año dieciocho, el veintidós del primer mes, corrió la voz en el palacio de Nabucodonosor, rey de los asirios, de que iba a tomar venganza de toda la tierra, como lo había dicho. 2Llamó a todos sus oficiales y a todos sus grandes, y confirió concilos sus secretos planes, resolviendo poner en ejecución toda la maldad que había proferido su boca contra la tierra. 3Fueron de parecer que se destruyese a cuantos no se sometieran a los decretos del rey. 4Terminado el consejo, llamó Nabucodonosor, rey de los asirios, a Holofernes, general de su ejército, que era el segundo después de él, y le dijo:
5«Esto ordena el rey grande, el Señor de toda la tierra: En saliendo de mi presencia, tomarás contigo hombres que confíen en sus fuerzas; de infantes hasta ciento veinte mil, y caballos con sus jinetes, doce mil; 6e invadirás toda la tierra del Occidente, por haber desobedecido la orden de mi boca. 7Les intimarás que me preparen la tierra y el agua, porque en mi furor saldré contra ellos y cubriré toda la haz de la tierra con los pies de mis soldados, y se la entregaré al saqueo; 8y sus heridos llenarán los barrancos y los torrentes, y el río se desbordará lleno de sus muertos; 9y conduciré sus cautivos hasta los extremos confines de la tierra. 10Empezarás por ocupar todo su territorio, y como se te rendirán, me los reservas para el día de su castigo. 11Mas para los rebeldes no haya perdón, sean entregados a la muerte, y al saqueo toda su tierra. 12Por mi vida y por la fuerza de mi imperio, que cuanto dije lo ejecutan: por mi mano. No dejes de cumplir ni una palabra de tu señor, antes las ejecutarás exactamente, según te lo ordeno y sin dilación».
13Partió Holofernes de la presencia de su señor, y tomó consigo a todos los magnates, generales y capitanes del ejército asirio;
14pasó revista a las tropas escogidas para la guerra, según le había ordenado su señor, hasta ciento veinte mil infantes y doce mil arqueros a caballo, y los ordenó como se ordena la muchedumbre guerrera. 15Tomó, además, camellos, asnos y mulos, para la impedimenta, en cantidad muy grande; ovejas, bueyes y cabras, para su aprovisionamiento, y vituallas en cantidad para toda la gente, y asimismo mucho oro y plata del tesoro del rey.
16Luego se puso en marcha con todo su ejército; y adelantándose al rey Nabucodonosor, cubrió toda la haz de la tierra, hacia el Occidente, con sus carros, jinetes e infantes escogidos, y una abigarrada muchedumbre como la langosta, incontable como el polvo de la tierra, que se les agregó. 17Partieron de Nínive, caminando durante tres días por la llanura de Bectelet y asentó su campamento, desde Bectelet hasta cerca de la montaña, a la derecha de la Cilicia superior.
18Y tomando todo su ejército, sus infantes, sus jinetes y sus carros, partió de allí en dirección a la montaña. 19Rompió por Put y Lud, devastó a los hijos de Rarses y a los de Ismael, que habitan los linderos del desierto, hacia el mediodía de los Quelos. 20Pasó el Eufrates; y atravesando la Mesopotamia, tomó por asalto todas las ciudades fuertes del torrente Abrona, hasta el mar. 21Se apoderó de todo el territorio de Cilicia, derrotando a cuantos se le opusieron, y llegó hasta los confines de Jafet, por la parte del mediodía, enfrente de la Arabia. 22Cercó a todos los hijos de Madián, dió al fuego sus tiendas y saqueó sus apriscos. 23Descendió luego al territorio de Damasco, en los días de la recolección del trigo, incendió todos los campos, destruyó sus rebaños y vacadas, saqueó sus ciudades, asoló sus campiñas, e hirió toda su juventud al filo de la espada. 24Temor y temblor se apoderó de toda la costa, de los moradores de Sidón y de Tiro, y de los habitantes de Acco. Los habitantes de Azoto y Ascalón se llenaron asimismo de miedo.
Escuchar el Capítulo 2
5 El rey grande y Señor de toda la tierra», palabras del Sal 47,3.(Volver a Lectura).
13 Holofernes pudiera ser la forma griega del persa Horofernes. Se conoce un rey de Capadocia de este nombre del siglo II a. de C.(Volver a Lectura).
24 Tal vez a causa de la deficiencia del texto en la conservación de los nombres propios no es posible precisar la dirección seguida por el ejército invasor. Sin embargo, como lo que más interesa el autor es la Judea, nos lo muestra desde el principio camino de su destino.(Volver a Lectura).
3 1Y le enviaron mensajeros con propuestas de paz, diciendo: «Mira, nosotros somos siervos del rey grande Nabucodonosor, nos postramos en tu presencia, para que hagas con nosotros según tu arbitrio. 2Nuestras majadas y todos nuestros trigales, nuestros rebaños y vacadas, y los apriscos de nuestros ganados, todo está a tu disposición, dispón de todo según te plazca. 3Y nuestras ciudades con sus moradores, siervos tuyos son; Ven y haz con ellos como bien te parezca». 4Llegados los hombres a Holofernes, le hablaron en esta forma.
5Descendió él con su ejército a la costa y puso guarniciones en las ciudades fuertes, y de ellas enroló en su ejército gente escogida. 6Toda la región le recibió con coronas, danzas y panderos. 7Devastó todo su territorio y taló sus bosques sagrados, y ordenó destruir todos los dioses de aquella tierra, para que sólo a Nabucodonosor adorasen todas las naciones, y le invocaran como a dios todas las lenguas y todas las tribus. 8 Llegado al llano de Esdrelón, cerca de Dotan, frente a la gran llanura de Judá, asentó su campo entre Gaba y Escitópolis, donde permaneció un mes esperando toda la impedimenta de su ejército.
Escuchar el Capítulo 3
1 El autor hace resaltar el temor y el servilismo de los pueblos gentiles, que a todo se acomodan en contraposición a Israel, que, confiado en su Dios, resiste hasta lograr la humillación del invasor.(Volver a Lectura).
Llega la guerra a Judá
4 1Así que los hijos de Israel que moraban en Judá oyeron todo cuanto había hecho a los gentiles Holofernes, general en jefe del ejército de Nabucodonosor, rey de los asirios,y cómo había saqueado todos los templos y los había destruido, 2sintieron grandísimo miedo y se turbaron por Jerusalén y por el templo del Señor, su Dios; 3pues recientemente habían subido de la cautividad, y hacía poco que se había reunido todo el pueblo de Judea, y el mobiliario y el altar y la casa habían sido santificados después de su profanación. 4Enviaron, pues, a toda la región de Samaría, y sus aldeas, Betorón, Belmaisi, Jericó, Joba, Aisora y el valle de Solum: 5y ocuparon todas las cimas de los montes altos y amurallaron sus aldeas, y se aprovisionaron de vituallas en previsión de la guerra, pues recientemente habían recogido la cosecha de sus campos.
6Escribió Joaquim, que por aquellos días era sumo sacerdote en Jerusalén, a los moradores de Betulia y de Bet-Orrestaim, enfrente de Esdrelón, ante la llanura que está junto a Doraim, 7diciéndoles que resistiesenen las subidas de la montaña, pues por ellas era el acceso a Judea, y como éste era estrecho, sería fácil aún a sólo dos hombres impedir el paso a los que llegaban.
8Ejecutaron los hijos de Israel las órdenes de Joaquim, el sumo sacerdote, y del senado de todo el pueblo de Israel, que tenía su asiento en Jerusalén.
9Todos los hijos de Israel clamaron con gran instancia a Dios y se humillaron con gran fervor; 10ellos, sus mujeres y sus hijos, todos los extranjeros o jornaleros, y sus esclavos, vistiéronse de saco. 11Todos los israelitas, las mujeres y los niños, los moradores de Jerusalén, se postraron ante el santuario, cubrieron de ceniza sus cabezas, mostraron sus sacos ante el Señor, y revistieron de saco el altar. 12Todos a una clamaron al Dios de Israel, pidiéndole con ardor que no entregase al saqueo sus hijos, ni diese sus mujeres en botín, ni las ciudades de su heredad a la destrucción, ni el santuario a la profanación y el oprobio, regocijando a los gentiles.
13Escuchó el Señor sus clamores y miró su aflicción. Ayunaba el pueblo todos los días en Judea y en Jerusalén, ante el santuario del Señor Omnipotente. 14Joaquim, sumo sacerdote, y todos los sacerdotes que asistían en la presencia del Señor y le servían, ceñían de saco su cintura al ofrecer el holocausto perpetuo y los votos y las ofrendas del pueblo, 15y echaban ceniza sobre sus tiaras, y clamaban al Señor con todas sus fuerzas, pidiendo que se dignase visitar a toda la casa de Israel.
Escuchar el Capítulo 4
2 También Israel teme, pero no tanto por si, cuanto por la Ciudad Santa y el Santuario de Dios, que acababan de levantar, y por el culto divino que hacía poco habían restaurado.(Volver a Lectura).
12 Ante el peligro que les amenaza, su recurso es a Dios, a quien todos oran haciendo penitencia.(Volver a Lectura).