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Tobías

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Tobías





Tobías es un piadoso israelita del norte de la Palestina, que en medio de la prevaricación general se mantuvo fiel a la ley de Dios, y llevado luego cautivo a Asiria, perseveró en la misma fidelidad al Señor, manifestada por el ejercicio de las obras de misericordia. Para que más se destacara su piedad, le probó el Señor con diversos trabajos, entre ellos la pobreza y la pérdida de la vista. De todas estas pruebas salió su virtud más acrisolada, y el Señor le premió, colmándole de bendiciones. Se ve claro el propósito de presentarnos a Tobías como modelo de piedad israelita.

No hay uniformidad de criterio, aun entre los exégetas católicos, respecto del género literario en que fué compuesto este hermoso librito, que contiene en forma narrativa preciosas lecciones de piedad, de paciencia y de obras de misericodia. Su doctrina tiene gran semejanza con la expresada en forma poética en el libro de Job, en cuanto a la prueba a que el uno y el otro son sometidos por Dios. De la determinación del género literario empleado por el autor depende principalmente la solución de ciertas dificultades que el libro ofrece. V. la reciente Encíclica de SS. Pio XII.

Ignoramos quién haya sido el autor de este libro, que se debe suponer escrito en la época posterior del judaismo. Se discute también en qué lengua, si en hebreo o arameo, pues el original no se conserva. Las versiones difieren bastante unas de otras. El texto de la Vulgata es debido a San Jerónimo. El santo Doctor, que en cuanto al canon de las Escrituras daba mucha autoridad a la tradición judía, en su Prólogo Galeato no incluye entre los canónicos a Tobías lo mismo que a Judit. Por eso no los tradujo de su propia iniciativa; mas cediendo a los ruegos de sus amigos Cromacio y Heliodoro, preparó su versión del texto caldeo. Y como esta lengua, que él toma por la original del libro, es parecida a la hebrea, se procuró un judío perito en ambas lenguas, y en el espacio de un día, lo que el judío le iba traduciendo del caldeo al hebreo, él lo dictaba a un escribiente, traducido del hebreo al latín. Entre las muchas versiones que del libro tenemos, griegas, latinas y aun hebreas, etc., la de San Jerónimo hace grupo aparte. Es una abreviación del texto más amplio que nos ofrecen las otras versiones, sin excluir la antigua latina.

Nuestra versión está hecha sobre la versión griega, representada por el códice Vaticano, el mismo que publicó Sixto V en su edición de los LXX. (Cfr.,Intr., Oral.)

SUMARIO


Tobías

1 1Historia de Tobit hijo de Tobiel, hijo de Maniel, hijo de Adael, hijo de Gabael, de la familia de Asid, de la tribu de Neftalí, 2que fué llevado cautivo en tiempo de Salmanasar, rey de los asirios, y era natural de Tisbe, que esta a la derecha de Cades de Neftalí, en Galilea, por encima de Haser.


Piedad de Tobit en su patria

3Yo, Tobit, caminé por las sendas de la verdad y de la justicia todos los días de mi vida, haciendo muchas limosnas a mis hermanos, los de mi nación, que conmigo habían sido llevados a tierra de asirios, a Nínive.
4Siendo yo joven, vivía en mi patria, en la tierra de Israel. Toda la tribu de Neftalí, mi padre, se había apartado del templo de Jerusalén, de la ciudad elegida entre todas las tribus de Israel para ofrecer sacrificios, y ser morada del Altísimo santificada por todas las generaciones.
5Todas las tribus, que a una habían apostatado, sacrificaban a Baal, al becerro, y asimismo la casa de Neftalí, mi padre. 6Yo iba, las mas veces solo, a Jerusalén, durante las fiestas, según está mandado a todo Israel por precepto eterno, y llevaba las primicias y los diezmos de las cosechas y las primicias del esquileo, y los entregaba a los sacerdotes, hijos de Arón, en el altar. 7El diezmo de todas las cosas se lo entregaba yo a los hijos de Leví que viven en Jerusalén, el segundo diezmo lo vendía y lo gastaba en Jerusalén cada año; 8y el tercero lo daba a quienes correspondía, según que me había recomendado la madre de mi padre, Débora, pues yo era huérfano de padre.
9Hombre ya, tomé por mujer a Ana, del linaje de nuestro padre, y de ella tuve a Tobías.


En el cautiverio

10Cuando fuimos llevados cautivos a Nínive, todos mis hermanos,los de mi linaje, comían de los manjares de los gentiles; 11pero yo me abstenía de comerlos, 12porque con toda mi alma me acordaba de Dios. 13Dióme el Altísimo favor y gracia ante Salmanasar, que me hizo su proveedor, 14y viajando por la Media, presté a Gabael, hermano de Gabria, en Rages de Media, diez talentos de plata.
15Muerto Salamanasar, le sucedió Senaquerib, su hijo. Los caminos se hicieron inseguros, y ya no pude volver a la Media.
16En los días de Salmanasar hacía yo muchas limosnas a mis hermanos, 17dando pan a los hambrientos y vistiendo a los desnudos: y si veía muerto a alguno de mi linaje, arrojado junto a los muros de Nínive, le daba sepultura. 18Si el rey Senaquerib mataba a alguno, luego que volvió huido de Judea, yo en secreto lo enterraba. En su furor mató a muchos, cuyos cadáveres buscaba luego él, y no los hallaba.
19Pero un ninivita hizo saber al rey que era yo el que los enterraba, y entonces tuve que ocultarme; y sabiendo que me buscaba para darme muerte, temeroso, huí. 20Fueron saqueados todos mis bienes, no dejándome nada, sino a Ana, mi mujer, y a Tobías, mi hijo.
21Pasados cincuenta días, le mataron, dos de sus hijos, que huyeron a los montes de Ararat, y le sucedió Asaradón, su hijo, el cual puso a Mitcar, el hijo de mi hermano Anael, al frente de toda la contabilidad administrativa del reino.
22Mitcar me alcanzó el perdón y pude volver a Nínive. Era Mitcar, mi sobrino, copero, guardasellos, administrador y contador, y Asaradón le había hecho su primer ministro.


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  • 3 El texto griego que traducimos comienza la historia poniendo el relato en boca del mismo Tobías.(Volver a Lectura).

  • 4 La división política del reino de David llevó consigo la escisión religiosa. Jeroboam rigió contra el Santuario nacional de Jerusalén otros dos, los de Betel y Dan, en que colocó los becerros como imágenes de Dios. Los israelitas que permanecieron fieles a la Ley acudían, contra las órdenes del rey, a Jerusalén, para cumplir sus obligaciones y devociones religiosas.(Volver a Lectura).

  • 8 Sobre estos varios diezmos, cf. Dt 15,22 ss., a cuyas prescripciones se ajusta la conducta de Tobit.(Volver a Lectura).

  • 10 El año 731 fué tomada Samaría y la mayor parte de la población del reino llevada a Nínive en cautiverio.(Volver a Lectura).

  • 13 Emenasar, corrupción de Salmanasar (727-722).(Volver a Lectura).

  • 15 Hay aquí una incorrección del texto, que hemos de atribuir a los copistas: Salmanasar, hijo de Teglatfalasar (727-722), el que puso el cerco a Samaría, murió en 722, antes de tomar la ciudad. El que la tomó fue su sucesor, Sargón (722-705), padre de Senaquerib, que no reinó hasta la muerte de su padre (705).(Volver a Lectura).

  • 18 En la época de Ezequías, hacia el año 700 o después del 693, Senaquerib vio su ejército destruido por la peste en Judea y hubo de retirarse, humillado por la mano de Dios.(Volver a Lectura).

  • 21 Saquerdón por Asaradón, hijo y sucesor de Senaquerib (681-668).(Volver a Lectura).

  • 22 Este Ahikar figura como protagonista de una historia descubierta entre los papiros de Elefantina, escrita en arameo, y que se remonta al siglo V antes de Jesucristo. Le veremos varias veces mencionado en este libro (Introducción a los libros históricos nº 7).(Volver a Lectura).




2 1Al volver a mi casa, me fueron devueltos Ana, mi mujer, y Tobías, mi hijo. Era por la fiesta de Pentecostés, la fiesta santa de las siete semanas; y habiéndome sido preparado un banquete, me recosté para comer. 2Al ver tantos manjares, dije a mi hijo: Vete, y trae al primer necesitado que encuentres de nuestros hermanos, que me recuerde al Señor; yo espero por ti. 3Cuando volvió, dijo: Padre, uno de nuestro linaje yace en la plaza, estrangulado. 4En seguida, sin probar bocado, me lancé a la calle, le tomé y le metí en una habitación, hasta que se puso el sol. 5Vuelto a casa, me lavé y comí con tristeza, 6porque me vino a la memoria la profecía de Amós:
«Vuestras fiestas se convertirán en duelo, y vuestras alegrías en lamentaciones».
7Lloré, y en poniéndose el sol, fui a cavar una hoya en que sepultar el cadáver.
8Los vecinos se reían de mí, diciendo: «Aún no ha escarmentado; ya tuvo que huir, y ahora vuelve a enterrar a los muertos».

La prueba

9Aquella misma noche, cuando acabé de darle sepultura, aun antes de purificarme, me dormí en el atrio junto al muro, quedando con el rostro descubierto. 10No sabía yo que había pájaros en el muro; y teniendo los ojos abiertos, los pájaros dejaron caer en mis ojos su estiércol caliente, que me produjo en ellos unas manchas blancas, que los médicos no fueron capaces de curar. Por este tiempo, Akikar proveía a mi sustento, hasta que partió para Elimaida. 11Entonces Ana, mi mujer, se ocupaba de su casa en trabajos femeniles 12y llevaba su labor a los amos. Estos, al pagarle una vez su salario, le regalaron un cabrito. 13Cuando volvió a casa, comenzó el cabrito a balar. Y yo le dije: «¿De dónde viene ese cabrito? ¿No será robado? Devuélvelo a los amos, que no es lícito comer cosa robada». 14Ella me contestó: «Es un regalo que han añadido a mi salario». Pero yo no la creía, y la instaba a que lo devolviese a los amos, enojado contra ella. Mas me replicó: «¿Dónde están tus limosnas y tus buenas obras? Ya lo ves ahora».


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  • 2 No se sabe cómo adquiriera Tobías en su cautiverio la posición desahogada que el relato supone, pero el autor insiste en mostrarnos el empleo que de sus bienes hacia enteramente conforme al Deuteronomio, en que tanto se inculca el amor al prójimo y el socorro de los necesitados.(Volver a Lectura).

  • 14 La mujer de Tobías tiene algún parecido con la de Job; ambas contribuyen a intensificar la prueba a que Dios somete a sus maridos.(Volver a Lectura).




3 1Yo me entristecí y lloré, y con dolor me puse a orar, diciendo:
2«Justo eres, Señor, y justas todas tus obras;
todos tus caminos son misericordia y verdad;
juzgas siempre según verdad y justicia.
3Muéstrate a mí y para en mí tus ojos.
No me castigues por mis pecados, ni por mis ignorancias, ni por las que mis padres cometieron contra ti.
4Porque ellos desoyeron tus preceptos, tú nos has entregado en botín al cautiverio y a la muerte,objeto de escarnio para todas las naciones,
entre las que hemos sido dispersados.
5Muchos son tus juicios y verdaderos,
para que vayas a tomar venganza por mis pecados y los de mis padres; porque ni cumplimos tus preceptos, ni caminamos sinceramente delante de ti.
6Ea, pues, haz conmigo según tu beneplácito.
Quítame el aliento de vida, para que muera y me convierta en polvo;
porque más prefiero morir que vivir,
pues he oído ultrajes mentirosos, y una gran tristeza se apodera de mí. Haz que sea yo libertado de esta angustia, Para ir al eterno lugar.
No apartes tu rostro de mí».


La prueba de Sara

7Aquel mismo día aconteció en Ecbatana de Media, que Sara, hija de Ragüel, fue insultada por las esclavas de su padre, 8porque habiendo sido dada en matrimonio a siete maridos, el maligno demonio Asmodeo les había dado muerte antes que con ella hubieran tenido vida conyugal; y le decían: «¿No estas loca tú, que ahogas a tus marido? Siete has tenido ya, y de ninguno de ellos has gozado. 9¿Por qué nos azotas? Ya que ellos murieron, vete tú con ellos, y que no veamos jamás hijo o hija tuya».

10Oyéndolas, se entristeció sobremanera, tanto que quería ahorcarse. Pero decía: Soy la hija única de mi padre; si tal hiciera, el oprobio vendría sobre él, y de dolor conduciría su ancianidad al sepulcro. 11Y oraba puesta a la ventana, y decía: «Bendito eres, Señor Dios mío, y bendito tu nombre, santo y excelso por los siglos. Bendígante todas tus obras para siempre. 13Y ahora, Señor, en ti pongo mis ojos y mi rostro. 13Llévame de la tierra, y que no oiga ya más tales ultrajes. 14Tú sabes, Señor, que yo estoy limpia de todo pecadocon hombre, 15y que no he manchado mi nombre ni el nombre de mi padre en esta tierra de mi cautiverio. Hija única soy de mi padre, el cual no tiene hijo que pueda heredarle, ni pariente próximo con un hijo, para quien yo deba guardarme por mujer; ya se me han muerto siete maridos: ¿de qué me sirve la vida? Y si no te parece bien quitármela, mírame y ten piedad de mí, y que no escuche ya más estos ultrajes».
16Fué escuchada la oración del uno y de la otra en la presencia de Dios. 17Rafael fué enviado para remediarlos a los dos, para batir las cataratas de Tobit y para casar a Sara, la hija de Ragüel, con Tobías, el hijo de Tobit, y paralizar a Asmodeo, el maligno demonio, por cuanto a Tobías tocaba heredarla. Al tiempo mismo en que se volvía Tobit y entraba en su casa, bajaba Sara, la de Ragüel, del piso alto de la suya.


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  • 3 Era un principio de la justicia antigua que los hijos llevasen la pena de los pecados de sus padres. Ezequiel (18) declaró que Dios no seguiría esa norma, sino que cada uno pagaría por sus pecados, salvo, claro es, la ley de la solidaridad social, que hace que los hijos paguen los pecados de los padres.(Volver a Lectura).

  • 7 Sólo la cruz de Cristo y su resurrección nos han enseñado el precio del sufrimiento; los antiguos, cuando se ven agobiados por el dolor, desean la muerte, pensando que la vida del seol, aunque triste, no lo sería más que la presente. Como Tobías, habla Sara (v.13), hablan Jeremías (20,14), Job (3,3 ss.) y Elías (I Re 10,4).(Volver a Lectura).

  • 10 Como el anciano Tobías, así la joven Sara es sometida a dura prueba. En ella se ve cómo el Señor quería acrisolarla para hacerla digna de la familia a que según los planes divinos debia unirse, llevándole la alegría y la abundancia.(Volver a Lectura).




Consejos del padre al hijo

4 1En aquel día se acordó Tobit de la suma que tenía en poder de Gabael, en Ragües de Media; 2y se dijo: Yo he pedido mi muerte; ¿por qué, pues, no llamar a Tobías, mi hijo, y comunicárselo antes de morir? 3Llamóle, y le dijo: «Si muero, hijo mío, me darás sepultura, y te guardarás de menospreciar a tu madre: hónrala siempre, todos los días de tu vida, obra según su beneplácito y no le causes tristeza. 4Acuérdate, hijo, de los muchos trabajos que ella pasó por ti cuando te llevaba en su seno; cuando muera, dale sepultura a mi lado, en el mismo sepulcro. 5Acuérdate siempre del Señor, nuestro Dios, y guárdate de pecar; observa sus preceptos. Practica la justicia todos los días de tu vida, y no sigas los caminos de la iniquidad. 6Porque, practicando tú la verdad, serás feliz en todas tus obras, como todos los que practican la justicia. 7Según tus facultades, haz limosna, y no se te vayan los ojos tras lo que des. No apartes el rostro de ningún pobre, y Dios no lo apartará de ti. 8Si abundares en bienes, haz de ellos limosna; y si éstos fueren escasos, según esa tu escasez, no temas hacer limosna. 9Con esto atesoras un depósito para el día de la necesidad, 10pues la limosna libra de la muerte y preserva de caer en las tinieblas; 11y es un buen regalo la limosna en la presencia del Altísimo, para todos los que la practican.
12«Guárdate, hijo, de toda fornicación, y ante todo, toma esposa del linaje de tus padres; no tomes mujer extranjera, que no sea del linaje de tu padre; que hijos somos de profetas, Noé, Abraham, Isac y Jacob, nuestros antiguos padres.

Recuerda, hijo, que éstos tomaron mujeres de entre sus hermanos, y fueron bendecidos en hijos, y heredó su descendencia la tierra. 13Y ahora, hijo mío, ama a tus hermanos, 14y no te ensoberbezcas en tu corazón, ni desprecies a los hijos e hijas de tu pueblo, rehusando tomar de ellas mujer; porque en el orgullo está la perdición y el desorden, y en la ruindad la penuria y el hambre, pues la madre del hambre es la ruindad. No retengas una noche el salario de un obrero que trabajare para ti: entrégaselo luego. Si sirvieres a Dios, él te recompensará. Atiende, hijo, a todas tus obras, y muéstrate prudente en tu conversación. 15Lo que no quieras para ti, no lo hagas a nadie. No bebas vino hasta embriagarte, no vaya contigo la embriaguez. 16Da vestidos al desnudo. Todo cuanto te sobrare, dalo en limosnas, y no se te vayan los ojos tras lo que dieres».
17«Pon tu pan y tu vino en los sepulcros de los justos, y no comas ni bebas con los pecadores. 18Sigue el consejo de los prudentes, y no desprecies ningún buen consejo. 19En todo tiempo bendice al Señor Dios, y pídele que tus caminos sean rectos y todas tus sendas y consejos vayan bien encaminados; porque no es del hombre el consejo; sólo el Señor es quien da todos los bienes, y a quien quiere le humilla según su voluntad. Acuérdate, pues, hijo mío, de mis preceptos, y no se borren de tu corazón».
20«Has de saber también que tengo diez talentos en poder de Gabael, hijo de Gabria, en Ragües de Media. 21No temas, hijo; somos pobres, pero rico serás si temes a Dios, y te apartas de todo pecado y haces lo que le es grato».


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  • 12 El Deuteronomio insiste mucho en la prohibición de las alianzas con los cananeos (Dt 7,3). Uno de los puntos de reforma por que tuvieron más que luchar Esdras y Nehemías fue precisamente este de los matrimonios con mujeres extranjeras.(Volver a Lectura).

  • 19 Estos consejos son muy propios de Tobías, varón temeroso de Dios, amante de su pueblo y fiel observador de la Ley.(Volver a Lectura).




Preparativos del viaje a Media

5 1Respondió Tobías, diciéndole: «Cuanto me has mandado lo cumpliré. 2¿Pero cómo voy a poder recobrar el dinero de Gabael, si no le conozco?» 3Dióle su padre el recibo, y le dijo: «Busca quien te acompañe, que yo le daré su recompensa, y ponte en camino para cobrar el dinero antes que yo muera». 4Fuése en busca de uno, y se encontró con Rafael, que era un ángel. 5No conociéndole, le dijo: ¿Podrías acompapañarme a Ragües de Media, si es que conoces el camino? 6El ángel le contestó: «Yo iré contigo, que conozco bien el camino y hasta he sido huésped de Gabael, nuestro hermano». 7Tobías le contestó: «Espera un poco, que voy a decírselo a mi padre».
8El le respondió: «Vete y no tardes». Se fué y dijo a su padre: «Ya hallé quien pueda acompañarme». El le dijo: «Llámale, que quiero saber de qué tribu es, y si es de confianza para acompañarte». 9Llamóle, entró y se saludaron. 10Díjole Tobit: «Dime, hermano: ¿de qué tribu y familia eres tú?» Y le contestó: «¿Quieres conocer la tribu y la familia, o informarte de la persona que va a acompañar a tu hijo?» Replicóle Tobit: «Quiero, hermano, conocer tu linaje y tu persona». 11«Pes yo soy hijo de Azarías, hijo de Ananías, grande entre tus hermanos».

12Respondióle él: «Seas bienvenido, pero no te enojes de que haya querido saber tu tribu y tu familia. Por suerte eres hermano mío, de una buena y noble ascendencia, pues yo conocía a Ananías y a Jonatán, hijo de Semeí el grande, de cuando Juntos íbamos a Jerusalén para adorar, llevando las primicias y los diezmos de las cosechas, que no se descarriaron ellos como nuestros hermanos. De buena raíz eres, hermano.
13«Pero dime, ¿cuál será el salario que habré de darte? ¿Bastaría una dracma por día y el sustento para ti y para mi hijo? 14Y cuando felizmente volváis, le añadiré algo». 15Convinieron en ello, y dijo a Tobías: «Prepárate para el camino, y que tengáis feliz viaje». Una vez que el hijo preparó lo necesario para el camino, díjole su padre: "Parte con éste, y Dios, que mora en los cielos, os dé feliz viaje y un ángel os acompañe». Y se pusieron en camino, yendo con ellos el perro del mozo.
16Su madre, Ana, se puso a llorar, diciendo a Tobit: "¿Por qué habrás enviado a nuestro hijo? ¿No era él nuestro báculo, viviendo con nosotros? 17No tuviéramos nunca ese dinero, si había de costamos nuestro hijo. 18Hasta el presente el Señor nos dió de qué vivir y vivíamos contentos». 19Pero Tobit le dijo: «No digas eso, mujer. Volverá sano, y tus ojos lo verán. 20Porque un ángel bueno le acompaña, tendrá un viaje feliz y volverá sano». 20Y ella dejó de llorar.


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  • 20 Al despedir a los viajeros habíales deseado Tobías la compañía de un ángel; ahora aparece con más firmeza esa esperanza, aunque sin saber aún cómo Dios realizaba sus deseos.(Volver a Lectura).




En viaje hacia Media

6 1Siguieron los caminantes su viaje, y llegaron al atardecer a las orillas del río Tigris, donde pasaron la noche. 2Bajó el muchacho a bañarse, y salió del río un pez que quería devorarle. 3Pero el ángel le dijo: «Cógelo». Cogiólo el joven y lo sacó a tierra. 4Díjole el ángel: «Descuartiza el pez y separa el corazón, el hígado, con la hiél, y ponlos aparte». 5Hizo el muchacho lo que el ángel le decía, y asando el pez, comieron. Continuaron su camino y llegaron cerca de Febalana. 6Dijo el joven al ángel: «Hermano Azarías, ¿para qué sirven el corazón y el hígado con la hiél del pez?» 7El le respondió: «Sirven para que si un demonio o un espíritu le atormenta a uno, quemándolos ante él ya no vuelva a molestarle. 8Cuanto a la hiél, sirve para ungir a quien tuviese cataratas, pues con ella quedará curado».
9Así que llegaron a Ecbatana, 10dijo el ángel al joven: «Hoy, hermano, habremos de pernoctar en casa de ragüel, tu pariente, que tiene Una hija llamada Sara. Yo le hablaré para que te la den por mujer, 11pues a ti te toca su herencia, pues tú eres ya el único de su linaje; la joven es bella y discreta. 12Oye, pues, lo que voy a hacer: Yo hablaré a su padre, y cuando volvamos de Ragues celebraremos la boda;

pues yo sé que Ragüel no la puede dar a ningún otro marido, según la ley de Moisés, o será reo de muerte, porque antes que a ningún otro te pertenece a ti la herencia».
13Replicó entonces el joven al ángel: «Hermano Azarías: He oído que la doncella fué dada a siete maridos, y que todos perecieron en la cámara nupcial; 14y yo soy hijo único de mi padre, y temo que si me acerco a ella voy a morir como los anteriores, porque la ama un demonio y a ella no le hace ningún daño, pero sí a los que se le acercan. Temo ahora que si muero, llevaré al sepulcro a mi padre y a mi madre, de dolor por mí, pues no timen otro hijo que les dé sepultura». 15Contestóle el ángel:«¿No te acuerdas de las palabras que tu padre te inculcó, sobre tomar mujer de tu propio linaje? Escúchame, pues, hermano: Esa será tu mujer, y del demonio no te preocupes, que esta misma noche te será dada por mujer. 16Cuando entres en la cámara nupcial, toma un perfumador y pon en él trozos del corazón y del hígado del pez, que hagan humo; 17que en cuanto lo huela el demonio, huirá y no volverá por los siglos de los siglos. Pero cuando a ella te acerques, levantaos ambos e invocad al Dios misericordioso, que os salvará y tendrá piedad de vosotros. No temáis, que para ti está destinada desde la eternidad, y tú la salvarás e irá contigo, y estoy seguro que tendrás de ella hijos». Así que oyó Tobías estas palabras, sintió grande amor por ella y se le apegó su corazón. En esto llegarona Ecbatana.


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  • 12 El ángel lleva la misión de hacer la felicidad de aquellas dos familias y para ello comienza con hacer oficio de casamentero.(Volver a Lectura).




El casamiento de Tobías y Sara

7 1Llegados a casa de Ragüel, les salió al encuentro Sara, que los saludó y ellos a ella, y los introdujo. 2Dijo Ragüel a Edna, su mujer:«¡Cómo se parece este joven a Tobit, mi primo!» 3Entonces Ragüel les preguntó: «¿De dónde sois, hermanos?» A lo que ellos contestaron: «De los hijos de Neftalí, de los cautivos deNínive». 4«¿Conocéis a Tobit, nuestro hermano?» Respondiéronle: «Sí que le conocemos». «¿Está bien?» 5«Vive y está bien», contestaron ellos. Y Tobías añadió: «Es mi padre». 6Ragüel, saltando, se echó a su cuello y le besó, derramando lágrimas. 7Bendíjole, diciendo: «Eres hijo de un varón bueno, bonísimo». Pero al saber que Tobit había perdido la vista, se entristeció hasta derramar lágrimas. 8Edna, su mujer, y Sara, su hija, lloraron también; los recibieron cordialmente, sacrificaron un carnero y les ofrecieron un suntuoso banquete.
9Dijo luego Tobías a Rafael: «Hermano Azarías, habla de aquel asunto de que en el camino tratamos, y que se acabe este negocio».

10Expuso Azarías el asunto a Ragüel, que dijo a Tobías: «Come, bebe y alégrate; en efecto, a ti te toca recibir a mi hija; pero antes tengo que advertirle una cosa: 11He dado ya mi hija a siete maridos, pero en entrando a ella, en la misma noche murieron. Tú ahora regocíjate». Mas Tobías contestó: «No gustaré bocado hasta que no resolváis este negocio y me lo confirméis». 12Dijo Ragüel: «Tómala desde ahora, según la ley, pues tú eres su hermano y a ti se te debe. Que Dios misericordioso os colme de felicidades». 13Llamó a Sara, su hija, y cogiéndola de la mano, la entregó a Tobías por mujer, diciendo: «Anda, según la ley de Moisés, tómala y llévala a tu padre». Y los bendijo. 14Llamó a Edna, su mujer, tomó un rollo, escribió el contrato matrimonial, lo selló, 15y luego comenzaron a comer.
16Llamó después Ragüel a Edna, su mujer, y le dijo: «Prepara, hermana, otra alcoba, y llévala a ella». Hizo Edna lo que le mandaba, y llevó a su hija a la cámara. Lloraba Sara, y enjugando la madre las lágrimas de su hija, le decía: 17«Ten buen ánimo, hija: el Señor del cielo y de la tierra te dará gracia en vez de esta tu tristeza; ten valor, hija mía».


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  • 11 La Ley prescribía que la hija única, heredera de sus padres, debía casarse dentro de su familia para que el patrimonio no pasase de una a otra tribu (Núm 26,1 ss.). Claro que esto mirando al patrimonio, que estaba constituido por los bienes inmuebles poseídos en Canan.(Volver a Lectura).

  • 14 La Ley de Hammurabi no reconoce validez a ningún contrato matrimonial que no se haga por escrito. Entre los propios judíos de Elefantina se hallan algunos contratos matrimoniales (Introducción a los libros históricos, n 7).(Volver a Lectura).




8 1Cuando hubieron terminado de comer, llevaron a la alcoba a Tobías. 2El, recordando las palabras de Rafael, tomó un brasero; y poniendo encima de las brasas el corazón y el hígado del pez, hizo humo. 3El demonio, en cuanto olió aquel humo, huyó al Egipto superior, donde el ángel le ató. 4Una vez que quedaron los dos solos, se levantó Tobías del estrado, y dijo: «Levántate, hermana, vamos a orar para que el Señor tenga misericordia de nosotros». 5Y comenzó Tobías, diciendo: «Bendito eres, Dios de nuestros padres, y bendito por los siglos tu nombre santo y glorioso. Bendígante los cielos y todas las criaturas. 6Tú hiciste a Adán y le diste por ayuda y auxilio a Eva, su mujer; de ellos nació todo el linaje humano. Tú dijiste: No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él. 7Ahora, pues, Señor, no llevado de la pasión sensual, sino del amor de tu ley, recibo a esta mi hermana por mujer. Ten misericordia de mí y de ella, y concédenos a ambos larga vida». 8Ella respondió: «Amén». 9Y pasaron ambos dormidos aquella noche».

Cuando Ragüel se levantó, se fué a cavar una sepultura, 10diciendo: «Seguro que ha muerto éste también». 11Vuelto Ragüel a casa, 12dijo a Edna, su mujer: «Manda a una de las siervas que vea si está vivo, para enterrarle si no, y que nadie se entere». 13Abrió la sierva la puerta, y vio que ambos dormían. 14Salió luego, y les comunicó que estaba vivo. 15Entonces bendijo Ragüel a Dios, diciendo: «Bendito seas tú, Dios, con toda bendición pura y santa, y bendígante tus santos y todas tus criaturas, y todos tus ángeles y todos los elegidos; bendígante por los siglos. 16Bendito tú, que me has alegrado, no sucediendo lo que yo me temía, sino que has obrado con nosotros según tu gran misericordia. 17Bendito seas tú, que tuviste misericordia de estos dos hijos únicos; ten de ellos piedad, y concédeles acabar en bien su vida con alegría y misericordia». 18Y mandó a sus siervos rellenar la sepultura. 19Hízoles la fiesta de bodas por espacio de catorce días; 20pues antes ya le había instado a que no partieran hasta terminar los días de la boda. 21Pasados, le daría la mitad de su hacienda, y le dejaría irse en paz a su padre, y el resto lo recibiría cuando muriesen él y su mujer.


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  • 10 Esta conducta precipitada de Ragüel pone más de relieve la gracia de Dios en favor de Tobías.(Volver a Lectura).

  • 19 Las solemnidades nupciales solían durar siete días, ahora se duplican por lo excepcional del caso.(Volver a Lectura).




9 1Llamó entonces Tobías a Rafael y le dijo: 2«Hermano Azarías, toma contigo un siervo y dos camellos, y vete a Ragües de Media, a casa de Gabael, y cóbrame el dinero y tráele a él a la boda; 3pues Ragüel me ha pedido con instancia que no me vaya, 4y mi padre estará contando los días, y si ve que tardo mucho, morirá de pena».

5Partió Rafael, y se hospedó en casa de Gabael, a quien dió su recibo. Trajo Gabael los talegos sellados, y se los entregó. 6Madrugaron, y juntos vinieron a la boda, bendiciendo Gabael a Tobías y a su mujer.


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Ansiedades de los padres de Tobías

10 1Entretanto Tobit, su padre, contaba los días que podía durar el viaje; y cuando éstos se pasaron y vió que no volvía su hijo, 2comenzó a decir: «Tal vez están retenidos por la cobranza del dinero, o acaso ha muerto Gabael y no hay nadie que se lo entregue. 3Y se entristecía sobremanera. 4Su mujer le decía: «Sin duda que ha perecido nuestro hijo, porque tarda mucho». Y comenzaba a llorarle, diciendo: 5«¡Ay de mí, hijo mío! ¿Por qué te dejé ir, luz de mis ojos?». 6Tobit le decía: «Calla, no te apures, seguro que está bien». 7Pero ella replicaba: «Calla, no pretendas engañarme, seguro que ha muerto». Y todos los días iba al camino por donde se fué, pasando el día sin tomar bocado, y la noche llorando sin cesar a Tobías, su hijo.

La vuelta a sus padres

8Cumplidos los catorce días de la boda, que Ragüel le había rogado que pasase con ellos, dijo Tobías a Ragüel: «Déjame partir, que mis padres habrán perdido ya la esperanza de volver a verme».
9Pero su suegro le respondió: «Quédate aquí, y yo enviaré un mensajero a tu padre para darle noticias de ti». 10Mas Tobías insistió: «Déjame ir a mi padre». 11Entrególe luego Ragüel su mujer, Sara, y la mitad de la hacienda, siervos, ganados y dinero; 12y al despedirlos, los bendijo, diciendo: «Que el Dios del cielo os dé feliz viaje, hijos míos, y que vea yo vuestros hijos antes de morir». 13Y a su hija le dijo: «Honra a tus suegros, que ellos son ahora tus padres, y tenga yo buenas noticias de ti». Y la besó. Edna dijo a Tobías: «Hijo mío, que el Señor del cielo te dé una vuelta feliz, y a mí ver a los hijos de Sara, mi hija, para que me alegre en presencia del Señor. Yo te la doy como en depósito, mi hija es, no le des mala vida».


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  • 5 Como en la partida, la desconfianza de Ana hace resaltar la fé y confianza de Tobit».(Volver a Lectura).




11 1Al punto se puso Tobías en camino, bendiciendo a Dios, que le había dado tan feliz viaje, y bendiciendo también a Ragüel y a Edna, su mujer. Así caminaron hasta llegar cerca de Nínive. 2Entonces dijo Rafael a Tobías: «Bien te acordarás, hermano, de cómo hemos dejado a tu padre. 3Vamos a adelantarnos nosotros a tu mujer, para prepararle. 4Lleva contigo la hiél del pez». Partieron ellos, siguiéndolos el perro.
5Entretanto Ana, sentada, miraba hacia el camino, para ver si descubría a su hijo. 6Cuando creyó verle venir, dijo al padre: «Mira, viene nuestro hijo, y con él su compañero. 7Rafael dijo a Tobías: «Estoy seguro de que tu padre recobrará la vista. 8Úntale los ojos con la hiél; al escocerle se frotará, se desprenderán las cataratas, y verá».
9Ana, corriendo, se arrojó al cuello de su hijo, diciéndole: «¡Ya te veo, hijo mío! ¡Ahora ya puedo morir!» Y ambos lloraban. 10Salió Tobit a la puerta y tropezó; pero el hijo corrió a él, 11y cogiéndole, derramó la hiél sobre sus ojos, diciendo: «¡Animo, padre!»

12En cuanto le escocieron los ojos, se frotó, 13y se desprendieron las escamas. Al ver a su hijo se arrojó a su cuello, 14y llorando, dijo: «¡Bendito tú, oh Dios, y bendito sea tu nombre, y benditos también todos tus santos ángeles, 15porque después de azotarme has tenido misericordia de mí, y veo a Tobías, mi hijo!»
Entró su hijo contento, y refirió a su padre todas las maravillas que le habían sucedido en Media.
16Salió Tobit a las puertas de Nínive, al encuentro de su nuera, contento y bendiciendo a Dios. Y cuantos le veían se maravillaban de verle andar sin lazarillo. 17Tobías alababa delante de ellos a Dios, porque había tenido misericordia de él. Así que llegó Tobit a Sara, su nuera, la bendijo, diciendo: «Bienvenida seas, hija mía. Bendito sea Dios, que te ha traído entre nosotros, y benditos sean tus padres». Fué todo esto motivo de alegría para sus hermanos en Nínive. 18Llegaron Akikar y Nasbes, su hermano, 19y durante siete días se celebraron con regocijo las bodas de Tobías.


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La revelación del ángel

12 1Llamó Tobit a Tobías y le dijo: «Mira, hijo mío, el salario que has de dar a ese hombre que ha ido contigo, y lo que conviene añadirle». 2«Padre, contestó él, no me parece mucho darle la mitad de lo que he traído; 3pues me ha vuelto sano, curó a mi mujer, cobró el dinero, y a ti también te ha curado». 4Respondió el anciano: «Todo se lo merece». 5Y llamando al ángel, le dijo: «Toma la mitad de todo lo que habéis traído, y vete en paz». 6Entonces, el ángel llamando a los dos aparte, les dijo:
«Bendecid a Dios y glorificadle, ensalzadle, pregonad a todos los vivientes lo que ha hecho con vosotros, 7pues bueno es bendecir a Dios y ensalzar su nombre, pregonando sus obras. No os canséis de confesarle. Habéis hecho el bien y nada malo os pasará. 8Buena es la oración con el ayuno, y la limosna con la justicia. Mejor es poco con la justicia que mucho con la iniquidad. Mejor es dar limosna que acumular tesoros; 9pues la limosna libra de la muerte y limpia de todo pecado. Los que practican la misericordia y la justicia serán colmados de felicidad, 10mientras que los pecadores son enemigos de su propia dicha.

11Nada os quiero ocultar. Ya os lo he dicho: Bueno es guardar los secretos del rey, pero es glorioso revelar las obras de Dios. 12Cuando orabais tú y tu nuera, Sara, yo presentaba ante el Santo vuestras oraciones. Cuando enterrabas a los muertos, también yo te asistía. 13Cuando sin pereza te levantabas, y dejabas de comer para ir a sepultarlos, no se me ocultaba esa buena obra, antes contigo estaba yo. 14Por eso me envió Dios a curarte a ti, y a Sara, tu nuera. 15Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles, que presentamos las oraciones de los justos y tienen entrada ante la majestad del Santo».
16Los dos se quedaron turbados, y cayeron sobre su rostro, llenos de temor. 17El les dijo: «No temáis; la paz sea con vosotros. Bendecid a Dios siempre; pues no he venido por mi voluntad, sino por la de Dios, por lo que a él debéis bendecir siempre. 18Todos los días me hacía ver de vosotros; no comía ni bebía, lo que vosotros veíais era una apariencia. 19Ahora alabad a Dios, que yo me subo al que me envió y poned por escrito todo lo sucedido».
20Se levantaron, pero no le volvieron a ver. 21Y confesaron las grandezas y maravillas de Dios y cómo el ángel se les había aparecido.


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  • 5 Es grande la generosidad de Tobías. El compañero de su hijo se lo merece todo; que lleve, pues, siquiera la mitad de lo que por él adquirieron.(Volver a Lectura).

  • 8 Hermosa perspectiva para los justos, cuyas oraciones y buenas obras son presentadas por los ángeles a Dios, que generosamente los remunera.(Volver a Lectura).

  • 16 Según el sentir tradicional, nadie puede ver a Dios sin morir y esto se extendía también a la vista de los ángeles. Por eso padre e hijo se turban y temen, y el Ángel los tranquiliza.(Volver a Lectura).




Cántico de alabanza

13 1Y Tobit, en un transporte de júbilo, escribió una oración, y dijo:
«Bendito sea Dios, que vive por los siglos,
por todos los siglos permanece su reino.
2Porque El azota y se compadece,
lleva al sepulcro y* saca de él. Nadie hay que escape de su mano.
3Confesadle, hijos de Israel, ante las naciones,
pues El nos dispersó entre ellas.
4Pregonad aquí su majestad,
ensalzadle ante todos los vivientes,
que El es nuestro Señor y nuestro Dios,
El nuestro Padre por los siglos de los siglos.
5Nos azota por nuestras iniquidades,
y luego se compadece, y nos reunirá de las naciones en que nos ha dispersado.
6Si os convertís a El de todo corazón y con toda vuestra alma,
para practicar la verdad en su presencia,
entonces se volverá a vosotros,
y no os ocultará su rostro.
7Contemplad ahora lo que ha hecho con nosotros,
dadle gracias a boca llena,
bendecid al Señor de la justicia,
y ensalzad al Rey de los siglos.
8Yo le confesaré en la tierra de mi cautiverio
y pregonaré su poder y su majestad al pueblo pecador.
Convertíos, pecadores, y practicad la justicia delante de El,
quizá tenga misericordia de nosotros.
9Yo ensalzo a mi Dios, Rey de los cielos,
mi alma se regocijará en su grandeza.
10Hablen todos y confiésenle en Jerusalén.
11Jerusalén, la ciudad del Santo.

Por las obras de tus hijos te azotará,
pero de nuevo se compadecerá de los hijos de los justos.
12Confiesa dignamente al Señor,
y bendice al Rey de los siglos,
para que de nuevo sea en ti edificado su tabernáculo con alegría,
para que alegre en ti a los cautivos,
y muestre en ti su amor hacia los desdichados,
por todas las generaciones y generaciones.
13Pueblos numerosos vendrán de lejos,
al nombre del Señor, nuestro Dios,
trayendo ofrendas en sus manos,
ofrendas para el Rey del cielo.
Las generaciones de las generaciones exultarán en ti.
14Malditos todos los que te aborrecen,
y benditos para siempre todos los que te aman.
15Alégrate y salta de gozo por los hijos de los justos,
que serán congregados, y al Señor de los justos bendecirán.
16Dichosos los que te aman;
en tu paz se alegrarán.
Dichosos cuantos se entristecieron por tus azotes,
pues en ti se alegrarán,
contemplando tu gloria
y se regocijarán para siempre.
17Bendice, alma mía, al Dios grande
porque Jerusalén con zafiros y esmeraldas será reedificada,
con piedras preciosas sus muros,
y con oro puro sus torres y sus almenas.
18Y las plazas de Jerusalén serán pavimentadas
de berilo y rubí y piedra de Ofir,
y todas sus calles dirán: ¡Aleluya,
bendito sea Dios, que te ensalzó,
por todos los siglos!»


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  • 1 En este cántico resaltan las esperanzas de todo buen israelita. El Señor en su justicia castiga los pecados de su pueblo, pero en su misericordia tendrá piedad de él, le volverá a la patria y hará resurgir a Jerusalén, centro del reino mesiánico.(Volver a Lectura).




Conclusión de la historia

14 1Terminó Tobit su canto de alabanza. 2Era de cincuenta y ocho años cuando perdió la vista, que recobró al cabo de ocho años.Haciendo limosnas, proseguía en temer al Señor Dios y en darle gracias. 3Siendo ya muy viejo, llamó a su hijo y a los hijos de éste, y les habló así:
«Hijo, yo estoy ya muy viejo, y para partir de esta vida. Toma a tus hijos 4y vete a la Media, pues estoy persuadido de que cuanto dijo el profeta Jonás sobre Nínive, se cumplirá y será destruida. En la Media habrá más paz hasta un determinado tiempo. Pasado éste, nuestros hermanos que moran en la tierra feliz serán dispersados. Jerusalén quedará desolada y la casa de Dios entregadaa las llamas, durando la desolación hasta cierto tiempo; 5pero otra vez Dios se compadecerá de ellos y los volverá a su tierra, y edificarán la casa, aunque no como la primera, hasta que se cumplan los tiempos. Después de esto volverán de la cautividad y edificarán a Jerusalén magníficamente, gloriosamente, como de ella han dicho los profetas. 6Todas las naciones se convertirán de veras al temor del Señor Dios, y enterrarán sus ídolos. 7Bendecirán todas las naciones al Señor, y su pueblo le dará gracias, y el Señor ensalzará a su pueblo, y se alegrarán todos los que aman al Señor Dios en verdady en justicia, practicando la misericordia hacia sus hermanos».

8«Vete, pues, hijo mío, de Nínive, porque enteramente se cumplirá lo que dijo el profeta Jonás. 9Pero tú guarda la ley y los preceptos, sé misericordioso y justo, y serás feliz. 10Dame digna sepultura y a tu madre después conmigo, y no te quedes más en Nínive. Hijo mío, mira lo que hizo Nadán a Akikar, que le había criado; cómo le llevó de la luz a las tinieblas, y cuan mal le pagó. Pero Dios salvó a Akikar, y aquél recibió su merecido bajando a las tinieblas. Por haber practicado la limosna, fué sacado del lazo de muerte, que le había puesto, mientras que Nadán cayó en la trampa y pereció. 11Ved, hijos, lo que hace la limosna, y cómo la justicia es salud».
Diciendo esto, dió su alma en el lecho. Tenía ciento cincuenta y ocho años, y le dieron honrosa sepultura. 12Cuando murió Ana, la sepultó con su padre; y partió Tobías con su mujer y todos sus hijos a Ecbataua, a casa de Ragüel, su suegro. 13Tuvo Tobías una buena ancianidad y sepultó a sus suegros honrosamente, heredando su hacienda y la de Tobit, su padre. 14Murió en Ecbatana de Media, a la edad de ciento veintisiete años. 15Antes de morir tuvo noticia de la ruina de Nínive, cuyos habitantes llevaron cautivos Nabucodonosor y Asuero, y se alegró de la suerte de Nínive, antes de morir.


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  • 4 El profeta Jonás anunció la ruina de Nínive para dentro de cuarenta días; pero ésta era una amenaza condicionada, que quedó anulada por la penitencia de los ninivitas. Nahum repitió la misma amenaza de la ruina de Nínive y de su imperio, y ésta se cumplió, porque esta vez la amenaza no fue anulada por la penitencia. (Volver a Lectura).

  • 6 Tobías remite aquí lo que en tantos vaticinios proféticos se dice de la agregación de las naciones al pueblo de Dios y al reino mesiánico (Is 2,2ss; 6o.1ss; Zac 14,14ss; Mal 1,11ss).(Volver a Lectura).

  • 10 Según la historia de Ahikar, Nadab, sobrino de aquél, y que habla recibido de él los beneficios de un padre, le traicionó, acusándole falsamente al rey; pero Dios le libró de la sentencia de muerte que el rey había pronunciado contra él.(Volver a Lectura).

  • 12 En Tobías se realiza también la bendición otorgada a Job de ver su descendencia hasta la cuarta generación (Job 42,16).(Volver a Lectura).

  • 13 En Tobías se realiza la sentencia de ver a sus hijos hasta la cuarta generación, muriendo lleno de días.(Volver a Lectura).

  • 15 En la Escritura hallamos predicha la ruina de Nínive, pero no la ejecución de la sentencia, si no es en este lugar. La capital del imperio asirio fue tomada y destruida por los caldeos y los medos el año 612, en el mes de Julio-Agosto. El libro comienza mencionando la cautividad de Israel en Nínive y acaba con el fin de esta ciudad e imperio. La justicia de Yavé sobre las naciones, que tanto predican los profetas (cf. Is 10,5ss; 14,24; Neh 1-3).(Volver a Lectura).